jueves 6 de octubre de 2011

El Espejismo de Marmato

Por: Alfredo Molano Bravo/ Especial para El Espectador. 01/10/2011

Mirada del sociólogo y escritor sobre el grave conflicto que vive esta región de Caldas, amenazada por Medoro Resources, empresa aurífera canadiense, cuyos tentáculos llegan hasta Pacific Rubiales.





La explotación a cielo abierto movería 50.000 toneladas de mineral para sacar de ellas 250.000 onzas de oro anuales.


La Pintada, sobre el río Cauca, es a Medellín lo que Melgar es a Bogotá: un veraneadero en el que la chancleta es reina. Es, además, un paradero de camiones donde los choferes almuerzan o desayunan con una gigantesca bandeja de fríjoles con garra, bagre en salsa o chuleta de cerdo. Es un pueblo ruidoso, caliente y agitado. La Policía y el Ejército dan vueltas en motocicleta como murciélagos. El río corre encajonado. A la orilla de la carretera crecen samanes y palmeras. Toda la carga que va de Buenaventura a Medellín pasa por ahí. Pioquinto, el chofer del jeep donde viajamos, un hombre grande y macizo, tiene que inclinar un poco la cabeza para ver la vía. Es conversador: “Allá se accidentó una mula de carga; allí mataron al Parche; aquí comenzó la marcha en mayo pasado contra la Medoro, la seguí como si fuera una ambulancia. La gente se insolaba. Eran tres kilómetros largos de gritos contra la compañía”.

Veinticinco kilómetros al sur de La Pintada se desprende el ramal para Marmato, la legendaria mina de oro explotada por los conquistadores españoles desde mediados del siglo XVI hasta comienzos del XIX, que los indígenas cartama ya trabajaban. A comienzos del siglo XIX, con el fin de garantizar el cubrimiento de los empréstitos hechos a Inglaterra para pagar las guerras de Independencia, Colombia empeñó las minas de Marmato y Supía a la Casa Goldschmidt. Al finalizar la Guerra de los Mil Días, uno de los vencedores, el general Reyes, otorgó a su copartidario el general Vázquez Cobo la propiedad sobre los yacimientos, que poco después traspasó a la Western Sindicate Limited, y ésta, a su vez, los transfirió a la Colombian Mining Exploration Co. En 1936, el gobierno tomó la decisión de arrendar el emporio a empresas nacionales.

La carretera continúa —rigurosamente pavimentada y señalizada— hasta un pueblo en construcción llamado El Llano, a donde el gobierno y la compañía están empeñados en trasladar los 1.200 habitantes que viven en el casco urbano de Marmato, situado unos cinco kilómetros más arriba, en las estribaciones de la llamada Montaña de Oro o Cerro del Burro. En El Llano, que fue un caserío de tejas de barro y paredes de bahareque, se construyen hoy un hospital de primera categoría, una gran concentración escolar y un cuartel militar; se pavimentan sus calles y se levantan urbanizaciones de la noche a la mañana.


“Zona de alto riesgo”

Por el centro del pueblo corre un fluido de barro espeso y gris, producto de la cianuración del material aurífero, que envenenado desemboca en el río Cauca. A la salida hacia Marmato está ubicada la sede de la compañía Medoro Resources: planta de beneficio, presa de colas, depósito de estériles, laguna de almacenamiento de aguas, depósito de suelos, talleres, piscinas deportivas, edificaciones administrativas, casinos, campamentos de obreros y residencias de técnicos. Un clásico enclave cercado, enmallado y protegido por guardias armados y perros embozalados.

Muy pronto sólo hasta ahí llegará la carretera pavimentada. Desde allí también se observa el Cerro del Burro, que esconde en sus entrañas 9,8 millones de onzas de oro y 59 millones de onzas de plata, causa del gran conflicto que vive la región. El municipio de Marmato tenía en 2008, según el DANE, 9.164 habitantes: el 57% de raza y cultura negras; el 18% indígena y el 25% entre blanca, mestiza y mulata.

El Gobierno argumenta que el poblado está en zona de alto riesgo, una calificación legal que haría obligatorio su traslado; la compañía orquesta la tesis, aunque todo el mundo sabe —dice Pioquinto— que la razón es diferente: explotar las minas a cielo abierto. En 2006 hubo un deslizamiento de tierra que comprometió 92 casas, la Alcaldía, el hospital y el cuartel de Policía. Corpocaldas declaró, sin embargo, que el riesgo es mitigable.

El pueblo carece de nomenclatura porque sus calles son caminos coloniales empedrados y caprichosos por donde se mueven mulas, jeeps, volquetas, motos, hombres, mujeres y niños, a un ritmo vertiginoso. Cada minuto puede ser un gramo de oro. El material sacado de los socavones en pequeñas vagonetas y carretillas se muele en tambores metálicos cargados con esferas de hierro que al dar vueltas sobre un eje lo pulverizan.

Por encima de caminos y molinos pasa una red de cuerdas en distintas direcciones que lleva energía a los subterráneos para alumbrarlos o para mover los taladros eléctricos; en el mismo espacio se cruzan cables de acero elevados por donde corren canastillas con mineral en bruto, a una velocidad meteórica. En el lecho medio de la quebrada Cascabel existía hasta 2006 el centro del pueblo, averiado seriamente por un alud de lodo y de material estéril acumulado en sus orillas y arrastrado por las aguas de los torrenciales aguaceros caídos en el memorable invierno de aquel año.

Hoy el panorama es desolador. La pequeña plaza triangular, enmarcada por una antigua y venerable edificación donde funcionaba la Alcaldía, está deshabitada; en una contigua, no menos bella, había tiendas, compras de oro y bares; hoy sobrevive una panadería solitaria.

Más allá se abre un mirador sobre el abismo, donde antes iban las muchachas a coquetear con los policías. Desde allí se puede ver, un plano más abajo, el resto de lo que fue el centro: el hospital, invadido por protegidos de la Alcaldía; la biblioteca escolar, que desafía las leyes de la gravedad y que cualquier día, con o sin estudiantes, se puede caer sobre uno de los entables mineros en construcción que pertenecen al alcalde. Frente a esta nueva planta funciona un gran molino con mesas separadoras, bodegas, talleres, oficinas de compra de oro, voluminosos tanques de cianuración, todo también de propiedad del burgomaestre. Cuatro altas y soberbias palmeras que enmarcaron lo que fue la calle principal se mantienen erectas frente al imperio de la primera autoridad del municipio. Desde aquí se divisan Salamina, Aguadas y Pácora.


El debate de las dos zonas

Más abajo, el pueblo gira ahora alrededor de la iglesia y de otra placita, rodeada de cafeterías, ventas de choripapas y joyerías. Por aquí pasa la carretera que va hacia las Minas de Echandía y hacia el pueblo de Caramanta. La vía es la frontera aproximada entre la Zona Alta y la Zona Baja de la Montaña de Oro, división que requiere una explicación particular.

En 1946, Ospina Pérez firmó la Ley 66, que divide la rica formación en una zona alta, reservada a la pequeña minería, y una zona baja, dedicada a la mediana. En 1954, por Decreto legislativo 2223, se mantuvo la zona alta para la pequeña y la mediana, pero la zona baja se reservó para la minería empresarial. En 1970 la administración de la zona de arriba corrió por cuenta de la Empresa Colombiana de Minas (Ecominas), transformada después en Minerales de Colombia S. A. (Mineralco) y sustituida más tarde por la Empresa Nacional Minera Ltda. (Minercol). En 1990, Mineralco abandonó las plantas y los molinos Cien Pesos, Santa Cruz y El Colombiano, ubicados en la zona alta, y Mineros de Caldas S. A. adquirió 87 minas que clausuró poco tiempo después, con lo que dejó sin empleo a más de 800 obreros. En esa parte del cerro hay 150 minas de subsistencia explotadas por trabajadores conocidos como guacheros. Pioquinto dice que el nombre se deriva de unos pájaros ciegos —guácharos— que viven en las cuevas y que temen a la luz como Satanás a Luzbel. Apoyándose en el Código Minero, el Comité Cívico sostiene que Medoro no tiene derecho a expropiar a quienes después de seis meses ocupan pacíficamente minas clausuradas sin razón.

Para terminar de confundir el cuadro de los derechos de propiedad y posesión —una estrategia calculada—, Mineros de Caldas vendió sus derechos a la Colombian Goldfields, y ésta, a su vez, los negoció con la Medoro Resources, una de las más grandes compañías auríferas del mundo, empresa canadiense cuyos tentáculos llegan hasta la Pacific Rubiales. Desde 2011 emite títulos negociables en la Bolsa de Toronto sobre los tenores de oro, plata y cobre existentes. Sólo en el Cerro del Burro habría 7’049.000 onzas de oro y en el campo total de Marmato millones y millones de oro, plata y cobre. La poderosa multinacional adelanta un estudio de 20.000 perforaciones para precisar la potencialidad de los depósitos de oro y justificar la explotación a cielo abierto que movería unas 50.000 toneladas de mineral en bruto para sacar de ellas 250.000 onzas troy de oro anuales. En el mercado internacional —el mundo entero— costarían US$500 millones. El Rey Midas en acción.

Como es obvio, semejante cantidad de riqueza no podría ser totalmente aprovechada sino mediante la explotación del recurso a cielo abierto. La condición para abrir el cerro y sacar el metal es hacerlo de arriba abajo, es decir, de la Zona Alta, donde trabajan los guacheros y los medianos mineros, hacia la Zona Baja, en manos de la compañía. Según Carlos Torres Henao, geólogo principal de exploración de la empresa Exploration Services del Reino Unido (SRK), “la minería a cielo abierto emplea grandes cantidades de cianuro y como parte del proceso se cavan cráteres hasta de 150 hectáreas de extensión y 500 metros de profundidad. La cantidad de agua utilizada puede superar la consumida en un día por una población de 600.000 habitantes”. Por esta última razón —agrega Pioquinto—, se proyecta la construcción de una hidroeléctrica con aguas del río Arquía, límite entre Marmato y Caramanta, lo que ha generado una airada protesta por parte de los campesinos de la región.


El conflicto por la tierra

¿Cómo se puede llevar a cabo esta gran operación de ingeniería? Primero, comprando o desconociendo los derechos de los propietarios y poseedores en la Zona Alta —lo que se ha tratado de hacer— y trasladando el pueblo a El Llano —lo que se está tratando de hacer—. Durante el gobierno de Álvaro Uribe, Medoro Resources, a través de la Minera de Occidente, presentó ante la desacreditada Ingeominas amparos administrativos para poder desalojar a las buenas o a las malas a los pequeños mineros de las partes alta y media.

El enfrentamiento no tardó: en mayo de 2006 se presentaron en Marmato agentes de las empresas protegidos por la Fuerza Pública y si la cosa no terminó en un bochinche —dice Pioquinto— fue porque se metieron el cura y el Comité Cívico Prodefensa de Marmato. No obstante, el problema no se resolvió y la mecha siguió encendida. Segundo, como queda dicho, el Gobierno y la empresa consideran urgente trasladar el pueblo. Juan Manuel Peláez, siendo gerente de Medoro, declaró a La Patria de Manizales en 2009: “Buscamos probar reservas para hacer explotación a gran escala y para eso necesitamos el pueblo… Tenemos los US$30 millones que cuesta el plan exploratorio y los US$20 millones que costaría el reasentamiento”.

Para sacar a los mineros y para trasladar el pueblo, la compañía debe ganarse la voluntad de los habitantes y trabajadores. O por lo menos de un sector significativo, con lo cual estimularía no sólo la división de la gente, sino además un conflictivo enfrentamiento. Para el efecto contrató inicialmente a la Corporación para Estudios Interdisciplinarios y Asesoría Técnica (Cetec), que centró su actividad en la organización de las nefastas cooperativas de trabajo asociado; de un comité de trámite de quejas; de proyectos productivos campesinos de café, yuca, plátano “como estrategia de sustitución laboral”, y en el levantamiento de un censo de minas y de guacheros.

La comunidad se mostró siempre desconfiada y reticente a las propuestas de la consultora, excepción hecha del proyecto de plátano. Después de dos años de acciones sociales, Cetec le reclamó a Medoro el incumplimiento de los acuerdos con los marmateños. La compañía decidió dar por terminado el contrato y firmó con The Social Capital Group (SCG), especializado en trasladar pueblos en Chile y Perú, para hacer lo mismo en Marmato.

La explotación a cielo abierto y el traslado del pueblo, argumenta el Comité Cívico Prodefensa de Marmato, obligan a una consulta previa con las comunidades negras e indígenas. Pero el gobierno y la compañía canadiense arguyen que la minería tiene 450 años de tradición en la región y que, además, no existen consejos comunitarios ni resguardos legalmente reconocidos en el municipio. Agrega el comité que Marmato fue declarado patrimonio histórico de la nación y por tanto el pueblo no puede ser objeto de reasentamiento. La compañía propone en compensación crear un museo de historia y una casa de la cultura. Para rematar los ofrecimientos, Medoro ha ofrecido entregar en el lugar del enorme hueco cónico que abrirá para sacar los metales preciosos, una laguna donde se cultiven peces y se pueda navegar a vela.

En junio de 2010 la población se declaró en paro cívico y pacífico contra la compañía Medoro. El Gobierno reaccionó enviando un escuadrón de policía que fue rápidamente bloqueado por 300 mineros dispuestos a un enfrentamiento cuerpo a cuerpo. La dinamita es su pan de cada día. Fue el principio de una larga lucha contra la locomotora que podría terminar tragándose entero el cerro. El 21 de enero pasado los mineros organizaron un mitin para protestar contra la restricción de la venta de dinamita a los guacheros —lo que obliga a la fabricación artesanal de pólvora blanca—, la confiscación de madera para el apuntalamiento de los túneles y el traslado a El Llano —la Nueva Marmato— de la Registraduría y del Banco Agrario.

El Gobierno envió de nuevo a la Fuerza Pública. En mayo hubo una masiva protesta de 4.000 personas desde la carretera hasta el pueblo contra los proyectos que desarrolla la compañía y que el Gobierno apoya con marginales y volátiles condiciones como la de respetar el medio ambiente y no atropellar a los trabajadores. La Gobernación de Caldas envió de nuevo 30 policías acompañados por empleados de la compañía y funcionarios.

Justamente en esos días fue cuando el cura párroco de Marmato, José Reinel Restrepo, declaró que lo sacarían muerto del pueblo y que si el Gobierno o la compañía apelaban a la violencia, era lícito responder de la misma manera. El sacerdote apareció muerto con dos tiros en la espalda el pasado 3 de septiembre en la vía que conduce de Guática a Belén de Umbría. La Policía no ha descartado ninguna hipótesis y ofrece una recompensa de $20 millones. Pioquinto no cree que haya sido asesinado por el enfrentamiento con la compañía y guarda un silencio largo y respetuoso.


Marmateños versus minería a gran escala

1.200 habitantes viven en el casco urbano de Marmato

9.164 habitantes, 57% de raza y cultura negras; 18% indígena y 25% entre blanca, mestiza y mulata, tenía Marmato en 2008, según el DANE

92 casas, la alcaldía, el hospital y el cuartel de policía fueron semidestruidos por un deslizamiento de tierra que hubo en 2006

9,8 millones de onzas de oro y 59 millones de onzas de plata esconden en sus entrañas EL Cerro del Burro

20.000 perforaciones se harán precisar la potencialidad de los depósitos de oro.



(1 Oct 2011 - 9:00 pm EL ESPECTADOR)


Fuente: http://www.elespectador.com/impreso/nacional/articulo-302997-el-espejismo-de-marmato

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Relacionados:

Anotaciones para un crecimiento previsivo y con desarrollo, en: en: http://www.bdigital.unal.edu.co/4200/

Oro de Marmato: miseria o desarrollo, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/3404/

Desaparecen más de 500 años de cultura por reorientación minera, en:
http://historico.unperiodico.unal.edu.co/Ediciones/113/04.html

Geología económica del Eje Cafetero, en: http://godues.blogspot.com/2007/12/geologiaeconomica-del-eje-cafetero.html

Marmato: ¿reubicación o ambición minera?, en:
http://godues.blogspot.com/2011/04/marmato-reubicacion-o-ambicion-minera.html

Marmato: la tierra de Iván Cocherín en imágenes, en:
http://godues.blogspot.com/2011/04/marmato-la-tierra-de-ivan-cocherin-en.html





viernes 22 de julio de 2011

GDE: Libro – Book & Capítulo de Libro – Book Section


GDE: Libros Digitales y Capítulios de Libro, en el Repositorio Institucional U.N.


Libro - Book

Duque Escobar, Gonzalo (2003) Manual de geología para ingenieros. Universidad Nacional de Colombia, Manizales. http://www.bdigital.unal.edu.co/1572/


Duque Escobar, Gonzalo and Escobar Potes, Carlos Enrique (2002) Mecánica de los suelos. Universidad Nacional De Colombia. http://www.bdigital.unal.edu.co/1864/

Duque Escobar, Gonzalo (2003) Guía astronómica. Universidad Nacional de Colombia. http://www.bdigital.unal.edu.co/1700/

Duque Escobar, Gonzalo (2006) Fundamentos de economía y transportes. Universidad Nacional de Colombia. http://www.bdigital.unal.edu.co/1879/



Capítulo de Libro - Book Section

Duque-Escobar, Gonzalo (2006) Fundamentos de CTS. In: Fundamentos de CTS y Economía. Universidad Nacional de Colombia, Web CTS-Economía. http://www.bdigital.unal.edu.co/1879/3/01-cts-06.pdf

Duque Escobar, Gonzalo (2006) Economía General. In: Fundamentos de CTS y Economía. Universidad Nacional de Colombia, Web CTS-Economía. http://www.bdigital.unal.edu.co/2744/

Duque Escobar, Gonzalo (2006) Macroeconomía. In: Fundamentos de CTS y Economía. Universidad Nacional De Colombia. http://www.bdigital.unal.edu.co/2745/

Duque Escobar, Gonzalo (2006) Microeconomía. In: Fundamentos de CTS y Economía. Universidad Nacional de Colombia. http://www.bdigital.unal.edu.co/2747/

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El Autor:
http://www.bdigital.unal.edu.co/view/person/Duque_Escobar=3AGonzalo_=3A=3A.default.html


Tags:
Libros digitales, Universidad Nacional de Colombia, Gonzalo Duque Escobar

martes 5 de julio de 2011

Análisis de la propuesta gubernamental

El Espectador / Por: Eduardo Sarmiento / 3 de julio de 2011



El ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, anunció la presentación de una nueva reforma tributaria en la próxima legislatura del Congreso.

En honor al compromiso de la campaña, el ministro especifica que el expediente no se orientara a elevar los recaudos, sino a propiciar los negocios, la competitividad y el empleo. El anuncio fue secundado por el FMI, pero fue más lejos al señalar que la economía colombiana necesita más impuestos para elevar los ingresos y, por la vía de la regla fiscal, reducir el cuantioso déficit fiscal de la nación. Estamos ante una compleja cirugía en la cual los médicos no saben cuáles son los propósitos ni las mejores opciones para conseguirlos.

¿Qué quiere decir la propuesta del Gobierno en términos concretos? Simplemente que se bajarán las tarifas para las empresas y el capital para hacer más rentables los negocios, elevar la competitividad y compensarán con mayores gravámenes al trabajo y al IVA que incide sobre toda la población. Asimismo, está diciendo que desmontará los parafiscales o los moderará y los compensará con una ampliación del IVA, como se ha sugerido en círculos influyentes. En ambos casos estamos ante la baja de la carga tributaria para las empresas y el capital, así como en una ampliación de la base tributaria que recaerá en el trabajo y las grandes mayorías.

Nada de esto es nuevo. Las reformas tributarias adoptadas en los últimos 20 años se han orientado por la misma filosofía de aumentar la eficacia económica a expensas de la equidad y han tenido gran responsabilidad en el retroceso social. En este período los ingresos del trabajo bajaron con respecto al PIB, las ganancias empresariales se dispararon, la mayor parte de la fuerza de trabajo se mantuvo en el desempleo y la informalidad, y la distribución del ingreso se colocó entre las más desiguales del planeta.

En realidad, la propuesta oficial se encuentra en el lugar equivocado. Es el típico instrumento que carece de las condiciones para lograr los objetivos que se propone. Luego de la revaluación de los últimos siete años y de los fracasos reiterados para evitarla, la política tributaria no es el medio para elevar la competitividad externa. La solución es cambiaria.

Lo mismo se puede decir de los parafiscales. Su desmonte o debilitamiento no es el camino adecuado para propiciar el empleo. Luego de que el salario se ha venido ajustando por debajo de la productividad y los ingresos del trabajo han caído en forma significativa con respecto a los del capital, la solución al desempleo es de demanda y composición productiva.

La falla de la iniciativa oficial está en el intento de subsanar los problemas estructurales que vienen de atrás con exenciones puntuales y reparcheo tributario. Lo que se plantea es cambiar el modelo económico actuando sobre las causas de la revaluación y el desempleo y la informalidad. Se requiere un manejo macroeconómico que disminuya la obsesión por la inflación y el control monetario, baje la tasa de interés e intervenga en forma abierta y anunciada en el mercado para elevar el tipo de cambio. Adicionalmente, es necesario modificar el predominio de la minería, que es el sector que genera menos empleo y de los servicios cuya ocupación esta representada principalmente en la informalidad. El liderazgo debe trasladarse a la industria y la agricultura, que son los sectores con las mayores posibilidades de expansión, generación de empleo bien remunerado y aprovechamiento del avance tecnológico.

En fin, la reforma tributaria en los términos esbozados por el Gobierno es como las complejas cirugías que se recetan sin propósitos definidos y en el proceso encuentran que existen otros procedimientos mejores para curar al paciente.


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-- Fuente: legistributaria1990.blogspot.com

miércoles 15 de junio de 2011

Votos y gasto social

El Espectador/ Por: Armando Montenegro/ 12-06-2011.



EL ÚNICO OBJETIVO DEL GASTO PÚblico social debería ser la solución de los problemas de pobreza y miseria.

Su ejecución debería estar completamente desligada de cálculos y manipulaciones electorales. Debería llegar, por igual, sin condiciones, a los amigos o a los contradictores de los gobernantes.

En las democracias que permiten la reelección presidencial se mantiene la duda de que el gasto social se puede dirigir a comprar votos para tratar de mantener a los gobernantes en el poder. Cuando esto sucede, se degrada la democracia: se atenta contra la igualdad y el juego limpio.

Con esa hipótesis en mente, el destacado economista de la Universidad de los Andes Oskar Nupia analizó el impacto electoral del programa Familias en Acción (FA), un esquema de transferencias en dinero creado en el gobierno de Andrés Pastrana como una medida temporal para hacerle frente a la gran recesión del final del siglo pasado. Este programa se amplió en forma considerable en los dos gobiernos de Álvaro Uribe (ver documentos CEDE, 14, Anti-Poverty Programs and Presidential Election Outcomes: Familias en Acción in Colombia).

Las primeras evaluaciones de los impactos sociales de FA arrojaron resultados bastante positivos en las zonas rurales. En cambio, en las áreas urbanas, después de la enorme expansión del programa en la segunda mitad de la década pasada, parecen haber sido escasos o nulos.

Por el contrario, en materia electoral, Nupia encontró que el mayor gasto en Familias en Acción sí pudo haber tenido un efecto considerable sobre la votación de la coalición uribista en las campañas presidenciales de 2006 y 2010. Sus modelos sugieren que un gasto del orden de US$730 millones en FA pudo haber elevado la votación por esa coalición en cerca de un 10%.

Lo más interesante es que el autor también halló que en aquellos municipios donde, en principio, el uribismo no era mayoritario, también el gasto en FA pudo haber tenido el efecto de aumentar los votos a su favor. Nupia interpreta este resultado como una evidencia de que la gente está dispuesta a cambiar su orientación ideológica a cambio de una transferencia monetaria.

Estos hallazgos confirman la visión de numerosos observadores en el sentido de que FA —al igual que otros programas dirigidos directamente desde la Presidencia de la República— pudo haber sido manejado y ampliado con una lógica electoral, con miras a favorecer el propósito de facilitar las sucesivas reelecciones del presidente.

Los resultados de esta investigación, de utilidad para los interesados en la limpieza de la democracia colombiana, deberían servir para motivar reformas encaminadas a separar los programas sociales, especialmente aquellos que entregan auxilios monetarios, de los asuntos electorales. En una situación normal, los apoyos del Estado deberían transferirse incondicionalmente a la gente sólo de acuerdo con sus necesidades objetivas, en cumplimiento de las obligaciones sociales del Estado, y no como un acto de generosidad del gobernante que espera, a cambio, como un trueque, el voto de los beneficiarios.

Lo sucedido con Familias en Acción muestra también cómo el Congreso de la República, los organismos de control, y, mucho menos, los partidos de oposición, no tienen injerencia alguna, ni monitoreo y control de los multimillonarios programas que maneja directamente la Presidencia de la República.


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Imagen en: www.laproblematicaencolombia.blogspot.com

martes 17 de mayo de 2011

En el manejo de la emergencia Ola invernal y fallas de planeación



El Espectador/ Opinión Por: Eduardo Sarmiento/ 1 Mayo 2011 - 1:00 am

Estamos ante un espectáculo lamentable de subdesarrollo. El país ha regresado a la mitad del siglo XX en que carecía de control sobre las aguas y las comunicaciones.

Curiosamente, el Ideam acertó en esta oportunidad. El instituto anticipó la ola invernal del año pasado, aunque fue impreciso en su dimensión, y fue muy explícito en señalar su repetición en el presente año. Sin embargo, las predicciones no estuvieron acompañadas de análisis de escenarios que permitieran adoptar las prevenciones adecuadas y aminorar los daños. La falla estuvo en las oficinas de planeación y análisis que han debido elaborar diversos planes para enfrentar un fenómeno de graves consecuencias.

Muchos de los males se hubieran podido evitar con los más elementales conceptos de ingeniería y sentido común: conservar los humedales y construir las urbanizaciones en áreas donde escurra el agua; mantener los diques y jarillones en buen estado; dragar los ríos y lagunas; regular las represas para que los desagües se hagan en los momentos de menor precipitación.

El principal obstáculo es la ética. El país está pagando el error teórico de los gobiernos neoliberales de entregar la administración y la construcción de bienes públicos al lucro individual. Como aparece en las descripciones teóricas más elementales, los esfuerzos individuales se orientan a apropiarse de los beneficios y trasladarles los costos a los demás. Adicionalmente, se montó una normatividad permisiva que ha propiciado organizaciones piramidales y alianzas con los burócratas para apropiarse de los recursos públicos.

El resultado ha sido el atraso vial y la acumulación de carreteras en obra, que en épocas invernales adquieren dimensiones críticas en la forma de derrumbes y aislamientos regionales, acentuando el proceso destructivo.

Si esto sucedió en proyectos viales que son totalmente visibles, que otra cosa se podía esperar de las obras de prevención hidráulica, cuya efectividad se verifica después de varios lustros en situaciones extremas. La respuesta está a la vista. Simplemente, cuantiosas sumas destinadas a las obras de conservación de jarillones y dragados no se realizaron. De acuerdo con la denuncia del presidente de Colombia Humanitaria, de las 753 obras aprobadas para mitigar los daños de los aguaceros, sólo 4 están en ejecución.

En general, se observa una gran falta de pericia en los altos funcionarios para enfrentar las emergencias. Las acciones se orientan más a las promesas de restauración y la retórica, que a soluciones concretas, como la coordinación de las corporaciones regionales, los ministerios, las gobernaciones y alcaldías.

Por lo demás, predomina la creencia de que los desastres de la naturaleza son fenómenos raros que se presentan con baja frecuencia. La tendencia es a menospreciar las anticipaciones científicas y a suponer que los fenómenos extraños, una vez suceden, no se vuelven a repetir. En la práctica, no existe la planeación de la prevención y, mucho menos, la conservación ambiental que eviten o aminoren el sufrimiento de los sectores menos favorecidos y las pérdidas humanas.

La experiencia reciente muestra que los fenómenos extremos, como las elevadas precipitaciones, los movimientos telúricos o las variaciones bursátiles y cambiarias, ocurren con probabilidades no muy distintas a los comportamientos regulares. Hoy en día se requiere más anticipación científica y planificación para controlar la naturaleza y las economías. Ojalá que las improvisaciones y la falta de visión que salieron a flote en la tragedia invernal, no se repliquen en otras áreas sensibles de la vida nacional.

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Imagen: www.lavozdelsandinismo.com

Nuestra edad de ciencia ficción (II)

El Espectador/ Opinión/ Por: William Ospina/ 27 Mar 2011 - 1:00 am



EL RENACIMIENTO, LA ILUSTRACIÓN, el progresista y catastrófico siglo XX, nos acostumbraron a pensar que todas las cosas nuevas nos hacen mejores.

Toda novedad comportaba un progreso, la humanidad no había cesado de progresar desde el momento en que decidimos bajar de esos árboles, desde cuando pulimos esas piedras para hacer hachas, desde cuando descubrimos la rueda. Y si en el campo de las ideas no todo invento era provechoso, pues también había ideas de intolerancia y de odio, en el campo de los inventos prácticos todo se hacía para mejor: ¿no habían inventado los chinos las sombrillas y las sillas plegables, no había descubierto alguna abuela sabia la manera correcta de partir el pastel, no había inventado alguien, inspirado por la divinidad, el cepillo de dientes, la tijera, el lápiz, el telar, el papel?

Pero también estaban los inventos nefastos: esos puñales curvos que sofistican la estocada, esas espadas, esos venenos, esos instrumentos de tortura a los que aplicó su ingenio la Santa Inquisición, esas cruces, esas horcas, esas guillotinas. Alguien habrá hecho ya un inventario de cosas benéficas y atroces, para saber si nuestra creatividad pertenece al reino de lo angélico o de lo diabólico. Pero la verdad es que siempre estuvieron ligadas bondad y malignidad, siempre lucharon entre sí. Depende de la cultura, del orden social, el que una sociedad se oriente hacia la convivencia o hacia la violencia.

La conducta humana estuvo moderada por siglos de ceremonias y tradiciones, por medio de las cuales las sociedades aprenden a convivir en su interior y a relacionarse con el mundo. El progresismo fue haciendo que perdiéramos el respeto de la tradición y nos convenció de que toda novedad comportaba un progreso.

Todo iba bien con el progreso. Pero, de repente, los ilustres inventos de la sociedad industrial se convirtieron, en 1914, en garfios del infierno. Los aviones, el sueño sublime de Leonardo da Vinci, fueron utilizados para arrojar bombas. El telégrafo, la radio, los productos de la industria, todo fue herramienta de aniquilación. Y con la Segunda Guerra Mundial el fenómeno alcanzó su apoteosis. Hasta el trabajo de grandes pacifistas fue utilizado para inventar bombas atómicas.

Cuando terminó la guerra la industria había triunfado, pero un extraño pesimismo se había apoderado de nuestra especie. Allí sobrevino ese movimiento intelectual que se llamó el existencialismo: un sentimiento de soledad, la conciencia del absurdo, la sospecha de que la vida no tenía sentido. Ese sentimiento no ha desaparecido, pero ahora está enmascarado en el culto de las cosas, el consumo, las adicciones, el ansia frenética de ruido y de velocidad, la sed desesperada de riqueza, la religión del espectáculo y de la publicidad, el culto enfermizo de la salud, del vigor y de la juventud, y la visita a los únicos templos vivos que van quedando, que son los centros comerciales.

Pero harto sabemos que tres cuartas partes de la humanidad no pueden participar de esas comparsas de la belleza frívola, de esas mitologías de Vanity Fair. Algo va de la dieta al hambre, de las marcas costosas a los mercados piratas, de la civilización que convierte todo en basura a la humanidad que vive de reciclarla. Extender el modelo de consumo irreflexivo no es posible ni deseable. El día en que los mil trescientos millones de chinos tengan automóvil particular, y en que los mil doscientos millones de indios produzcan basura verdadera, basura industrial no biodegradable, ese día Vishnú le cederá para siempre su trono a Shiva.

Se ha abierto paso en el mundo la idea de que tenemos muchos derechos y casi no tenemos deberes. Llevamos siglos luchando por la libertad, pero no hemos articulado el discurso de nuestra responsabilidad. Llevamos siglos en la búsqueda del confort y se nos hace agua la boca hablando de la sociedad del bienestar, pero son pocos los que, como Estanislao Zuleta, han formulado sabiamente un elogio de la dificultad. Sin embargo, nada atenta tanto contra la salud como una prédica del confort y la facilidad; nada es más peligroso para la supervivencia humana que la excesiva adulación del egoísmo y el olvido de los principios de solidaridad y generosidad.

Sociedades como la colombiana, desamparadas por un Estado irresponsable y condenadas a rivalidad permanente, al individualismo agresivo, son buen ejemplo de los niveles de violencia que produce la falta de un sueño generoso de respeto en el que puedan converger millones de seres humanos.

Porque sólo sabemos convivir cuando una mitología compartida, unas tradiciones y unos rituales nos revelan al dios que está escondido en los otros, el exquisito misterio que es cada ser humano, y ello requiere altos niveles de educación verdadera, es decir, no aquella que venden los liceos y las universidades, sino aquella que está en las costumbres, en el lenguaje, en las fiestas y las ceremonias que nos hacen sentir parte de un mismo orden cultural.

El mundo asiste hoy a un acelerado cambio de memorias por noticias, de costumbres por modas, de saberes largamente probados por novedades. Pero estas guerras tecnológicas, este calentamiento global, estos tsunamis que derivan en crisis nucleares, nos recuerdan que la historia es impredecible, y así como a veces lo nuevo se yergue como el fascinante camino al futuro, también a veces los accidentes pueden revelarnos que conviene un poco de prudencia, un poco de sensatez y un residuo de reverencia, a la hora de paladear esas flores del vértigo.

Al fin y al cabo la ciencia ficción no surgió para celebrar las maravillas de la técnica sino para advertirnos, de un modo elocuente y fantástico, acerca de sus abundantes peligros.

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Imagen: masdehistoria.blogspot.com

Nuestra edad de ciencia ficción (I)

El Espectador/ Opinión/ Por: William Ospina/ 20 Mar 2011 - 1:00 am



HACE 66 AÑOS, DOS BOMBAS ATÓMIcas destruyeron las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, decidieron el final de la Segunda Guerra Mundial, forzaron al Japón a la rendición ante las potencias aliadas y dieron comienzo a una nueva edad del mundo

Alemania había sido triturada por el doble martillo de los rusos atacando por el oriente y los aliados avanzando por el occidente. El triunfo en el frente europeo y en el asiático de Estados Unidos, que había entrado tardíamente en la guerra, significó también el comienzo de la guerra fría, que dividió el mundo durante cuarenta años en dos bloques de poder que se vigilaban uno al otro con desconfianza y con ira, en una tensa paz de pesadilla, sostenida sobre la amenaza cósmica de los arsenales nucleares.

Ahora sabemos que esas potencias enemigas no eran tan distintas: tanto los democráticos Estados Unidos como los burocráticos estados soviéticos profesaban el industrialismo, el armamentismo, el militarismo, y terminaron reconciliándose hace 20 años en las fiestas del mercado, en la desintegración de los proyectos solidarios y en la entronización del individualismo consumista como máximo ideal de la especie.

Hace 66 años vivimos en el mundo de la ciencia ficción. Las novelas del 007 dieron paso a los thrillers de espías y de traficantes de armas atómicas; la generación de los años 60 pasó del culto de las drogas místicas y la consigna del amor libre a la fascinación con la saga de los viajes al espacio exterior: íbamos rumbo a la Luna y a Marte; la revolución del transporte incorporó una velocidad de vértigo a la vida cotidiana; la revolución de las comunicaciones convirtió al mundo en el aleph de Jorge Luis Borges; internet y las redes sociales abrieron ante nosotros un océano de memoria y un jardín de encuentros virtuales, pero convirtieron a la vez a los organismos humanos en una subespecie sometida a la fascinación de los mecanismos; la globalización de la información y del mercado trajo como complemento necesario la proliferación de las mafias globales, el mercado planetario de las armas, el clima de alarma permanente de la sociedad superinformada, la enfermedad generalizada del estrés y la alternancia bipolar de sustancias estimulantes y sedantes, el triunfo estridente de la tecnología como principal escenario de la acción humana, la tecnificación de la vida y el triunfo de la profecía de Marx de que todas las cosas se convertirían finalmente en mercancías, el sexo y la salud, el arte y el espectáculo, el deporte y el tiempo libre, la paz y la guerra, la información y la educación, el agua y el aire.

Es asombroso el modo como han triunfado los paradigmas de la llamada civilización occidental. Fue asombroso ver anteayer al emperador Akihito hablando por primera vez por televisión a su pueblo, vestido con un traje occidental, con saco y corbata. Es asombroso ver el país que hace 66 años padeció por primera y única vez el apocalipsis atómico sobre sus ciudades, convertido ahora en productor de energía atómica, y víctima otra vez de los vientos radiactivos. Es asombroso haber tenido el privilegio y el horror de ver hace siete días en directo el modo como una ola monstruosa que venía de los abismos del agua iba barriendo y arrasando los litorales japoneses y convirtiendo en escombros las ciudades, estrellando los barcos contra los puentes, arrancando las casas como trozos de papel, moliendo en su trituradora automóviles, bosques, barrios, piedras, metales, máquinas y seres humanos.

Los diluvios y los tsunamis existieron siempre, lo que no existió siempre es una humanidad que puede estar presenciando al mismo tiempo la devastación de los tsunamis, los incendios de los reactores nucleares, los crímenes de las mafias mexicanas, la corrupción de los políticos colombianos, las manifestaciones de los demócratas egipcios, las elecciones en la devastada isla de Haití, las manifestaciones de los trabajadores de Winsconsin, los bombardeos de Gadafi sobre las ciudades rebeldes.

Lo nuevo no es la información, es el testigo. Lo nuevo no es la catástrofe planetaria y la confusión cósmica, sino el hecho de que la humanidad la presencie asombrada e inerme, y convierta las marejadas de la historia en parte fundamental de su propia existencia, sin tener a la vez mucha posibilidad de influir sobre ella.

Esta semana los periodistas amigos de la adrenalina se han animado a hablar de apocalipsis. Se diría que lo que nos parece a veces el fin del mundo no es más que la cotidianidad del mundo convertida, gracias a la tecnología, en una suerte de sofisticado espectáculo. Pero es verdad que ya estamos en la aldea de Bradbury, en el país de Frederick Pohl, en el planeta de Philip K. Dick. Ahora el viento trae un polen de cosas desconocidas, la naturaleza parece hablar una lengua distinta cada día, la historia entra a ráfagas por la ventana.

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Imagen: somosluz-osiris.blogspot.com