martes, 17 de mayo de 2011

En el manejo de la emergencia Ola invernal y fallas de planeación



El Espectador/ Opinión Por: Eduardo Sarmiento/ 1 Mayo 2011 - 1:00 am

Estamos ante un espectáculo lamentable de subdesarrollo. El país ha regresado a la mitad del siglo XX en que carecía de control sobre las aguas y las comunicaciones.

Curiosamente, el Ideam acertó en esta oportunidad. El instituto anticipó la ola invernal del año pasado, aunque fue impreciso en su dimensión, y fue muy explícito en señalar su repetición en el presente año. Sin embargo, las predicciones no estuvieron acompañadas de análisis de escenarios que permitieran adoptar las prevenciones adecuadas y aminorar los daños. La falla estuvo en las oficinas de planeación y análisis que han debido elaborar diversos planes para enfrentar un fenómeno de graves consecuencias.

Muchos de los males se hubieran podido evitar con los más elementales conceptos de ingeniería y sentido común: conservar los humedales y construir las urbanizaciones en áreas donde escurra el agua; mantener los diques y jarillones en buen estado; dragar los ríos y lagunas; regular las represas para que los desagües se hagan en los momentos de menor precipitación.

El principal obstáculo es la ética. El país está pagando el error teórico de los gobiernos neoliberales de entregar la administración y la construcción de bienes públicos al lucro individual. Como aparece en las descripciones teóricas más elementales, los esfuerzos individuales se orientan a apropiarse de los beneficios y trasladarles los costos a los demás. Adicionalmente, se montó una normatividad permisiva que ha propiciado organizaciones piramidales y alianzas con los burócratas para apropiarse de los recursos públicos.

El resultado ha sido el atraso vial y la acumulación de carreteras en obra, que en épocas invernales adquieren dimensiones críticas en la forma de derrumbes y aislamientos regionales, acentuando el proceso destructivo.

Si esto sucedió en proyectos viales que son totalmente visibles, que otra cosa se podía esperar de las obras de prevención hidráulica, cuya efectividad se verifica después de varios lustros en situaciones extremas. La respuesta está a la vista. Simplemente, cuantiosas sumas destinadas a las obras de conservación de jarillones y dragados no se realizaron. De acuerdo con la denuncia del presidente de Colombia Humanitaria, de las 753 obras aprobadas para mitigar los daños de los aguaceros, sólo 4 están en ejecución.

En general, se observa una gran falta de pericia en los altos funcionarios para enfrentar las emergencias. Las acciones se orientan más a las promesas de restauración y la retórica, que a soluciones concretas, como la coordinación de las corporaciones regionales, los ministerios, las gobernaciones y alcaldías.

Por lo demás, predomina la creencia de que los desastres de la naturaleza son fenómenos raros que se presentan con baja frecuencia. La tendencia es a menospreciar las anticipaciones científicas y a suponer que los fenómenos extraños, una vez suceden, no se vuelven a repetir. En la práctica, no existe la planeación de la prevención y, mucho menos, la conservación ambiental que eviten o aminoren el sufrimiento de los sectores menos favorecidos y las pérdidas humanas.

La experiencia reciente muestra que los fenómenos extremos, como las elevadas precipitaciones, los movimientos telúricos o las variaciones bursátiles y cambiarias, ocurren con probabilidades no muy distintas a los comportamientos regulares. Hoy en día se requiere más anticipación científica y planificación para controlar la naturaleza y las economías. Ojalá que las improvisaciones y la falta de visión que salieron a flote en la tragedia invernal, no se repliquen en otras áreas sensibles de la vida nacional.

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Nuestra edad de ciencia ficción (II)

El Espectador/ Opinión/ Por: William Ospina/ 27 Mar 2011 - 1:00 am



EL RENACIMIENTO, LA ILUSTRACIÓN, el progresista y catastrófico siglo XX, nos acostumbraron a pensar que todas las cosas nuevas nos hacen mejores.

Toda novedad comportaba un progreso, la humanidad no había cesado de progresar desde el momento en que decidimos bajar de esos árboles, desde cuando pulimos esas piedras para hacer hachas, desde cuando descubrimos la rueda. Y si en el campo de las ideas no todo invento era provechoso, pues también había ideas de intolerancia y de odio, en el campo de los inventos prácticos todo se hacía para mejor: ¿no habían inventado los chinos las sombrillas y las sillas plegables, no había descubierto alguna abuela sabia la manera correcta de partir el pastel, no había inventado alguien, inspirado por la divinidad, el cepillo de dientes, la tijera, el lápiz, el telar, el papel?

Pero también estaban los inventos nefastos: esos puñales curvos que sofistican la estocada, esas espadas, esos venenos, esos instrumentos de tortura a los que aplicó su ingenio la Santa Inquisición, esas cruces, esas horcas, esas guillotinas. Alguien habrá hecho ya un inventario de cosas benéficas y atroces, para saber si nuestra creatividad pertenece al reino de lo angélico o de lo diabólico. Pero la verdad es que siempre estuvieron ligadas bondad y malignidad, siempre lucharon entre sí. Depende de la cultura, del orden social, el que una sociedad se oriente hacia la convivencia o hacia la violencia.

La conducta humana estuvo moderada por siglos de ceremonias y tradiciones, por medio de las cuales las sociedades aprenden a convivir en su interior y a relacionarse con el mundo. El progresismo fue haciendo que perdiéramos el respeto de la tradición y nos convenció de que toda novedad comportaba un progreso.

Todo iba bien con el progreso. Pero, de repente, los ilustres inventos de la sociedad industrial se convirtieron, en 1914, en garfios del infierno. Los aviones, el sueño sublime de Leonardo da Vinci, fueron utilizados para arrojar bombas. El telégrafo, la radio, los productos de la industria, todo fue herramienta de aniquilación. Y con la Segunda Guerra Mundial el fenómeno alcanzó su apoteosis. Hasta el trabajo de grandes pacifistas fue utilizado para inventar bombas atómicas.

Cuando terminó la guerra la industria había triunfado, pero un extraño pesimismo se había apoderado de nuestra especie. Allí sobrevino ese movimiento intelectual que se llamó el existencialismo: un sentimiento de soledad, la conciencia del absurdo, la sospecha de que la vida no tenía sentido. Ese sentimiento no ha desaparecido, pero ahora está enmascarado en el culto de las cosas, el consumo, las adicciones, el ansia frenética de ruido y de velocidad, la sed desesperada de riqueza, la religión del espectáculo y de la publicidad, el culto enfermizo de la salud, del vigor y de la juventud, y la visita a los únicos templos vivos que van quedando, que son los centros comerciales.

Pero harto sabemos que tres cuartas partes de la humanidad no pueden participar de esas comparsas de la belleza frívola, de esas mitologías de Vanity Fair. Algo va de la dieta al hambre, de las marcas costosas a los mercados piratas, de la civilización que convierte todo en basura a la humanidad que vive de reciclarla. Extender el modelo de consumo irreflexivo no es posible ni deseable. El día en que los mil trescientos millones de chinos tengan automóvil particular, y en que los mil doscientos millones de indios produzcan basura verdadera, basura industrial no biodegradable, ese día Vishnú le cederá para siempre su trono a Shiva.

Se ha abierto paso en el mundo la idea de que tenemos muchos derechos y casi no tenemos deberes. Llevamos siglos luchando por la libertad, pero no hemos articulado el discurso de nuestra responsabilidad. Llevamos siglos en la búsqueda del confort y se nos hace agua la boca hablando de la sociedad del bienestar, pero son pocos los que, como Estanislao Zuleta, han formulado sabiamente un elogio de la dificultad. Sin embargo, nada atenta tanto contra la salud como una prédica del confort y la facilidad; nada es más peligroso para la supervivencia humana que la excesiva adulación del egoísmo y el olvido de los principios de solidaridad y generosidad.

Sociedades como la colombiana, desamparadas por un Estado irresponsable y condenadas a rivalidad permanente, al individualismo agresivo, son buen ejemplo de los niveles de violencia que produce la falta de un sueño generoso de respeto en el que puedan converger millones de seres humanos.

Porque sólo sabemos convivir cuando una mitología compartida, unas tradiciones y unos rituales nos revelan al dios que está escondido en los otros, el exquisito misterio que es cada ser humano, y ello requiere altos niveles de educación verdadera, es decir, no aquella que venden los liceos y las universidades, sino aquella que está en las costumbres, en el lenguaje, en las fiestas y las ceremonias que nos hacen sentir parte de un mismo orden cultural.

El mundo asiste hoy a un acelerado cambio de memorias por noticias, de costumbres por modas, de saberes largamente probados por novedades. Pero estas guerras tecnológicas, este calentamiento global, estos tsunamis que derivan en crisis nucleares, nos recuerdan que la historia es impredecible, y así como a veces lo nuevo se yergue como el fascinante camino al futuro, también a veces los accidentes pueden revelarnos que conviene un poco de prudencia, un poco de sensatez y un residuo de reverencia, a la hora de paladear esas flores del vértigo.

Al fin y al cabo la ciencia ficción no surgió para celebrar las maravillas de la técnica sino para advertirnos, de un modo elocuente y fantástico, acerca de sus abundantes peligros.

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Nuestra edad de ciencia ficción (I)

El Espectador/ Opinión/ Por: William Ospina/ 20 Mar 2011 - 1:00 am



HACE 66 AÑOS, DOS BOMBAS ATÓMIcas destruyeron las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, decidieron el final de la Segunda Guerra Mundial, forzaron al Japón a la rendición ante las potencias aliadas y dieron comienzo a una nueva edad del mundo

Alemania había sido triturada por el doble martillo de los rusos atacando por el oriente y los aliados avanzando por el occidente. El triunfo en el frente europeo y en el asiático de Estados Unidos, que había entrado tardíamente en la guerra, significó también el comienzo de la guerra fría, que dividió el mundo durante cuarenta años en dos bloques de poder que se vigilaban uno al otro con desconfianza y con ira, en una tensa paz de pesadilla, sostenida sobre la amenaza cósmica de los arsenales nucleares.

Ahora sabemos que esas potencias enemigas no eran tan distintas: tanto los democráticos Estados Unidos como los burocráticos estados soviéticos profesaban el industrialismo, el armamentismo, el militarismo, y terminaron reconciliándose hace 20 años en las fiestas del mercado, en la desintegración de los proyectos solidarios y en la entronización del individualismo consumista como máximo ideal de la especie.

Hace 66 años vivimos en el mundo de la ciencia ficción. Las novelas del 007 dieron paso a los thrillers de espías y de traficantes de armas atómicas; la generación de los años 60 pasó del culto de las drogas místicas y la consigna del amor libre a la fascinación con la saga de los viajes al espacio exterior: íbamos rumbo a la Luna y a Marte; la revolución del transporte incorporó una velocidad de vértigo a la vida cotidiana; la revolución de las comunicaciones convirtió al mundo en el aleph de Jorge Luis Borges; internet y las redes sociales abrieron ante nosotros un océano de memoria y un jardín de encuentros virtuales, pero convirtieron a la vez a los organismos humanos en una subespecie sometida a la fascinación de los mecanismos; la globalización de la información y del mercado trajo como complemento necesario la proliferación de las mafias globales, el mercado planetario de las armas, el clima de alarma permanente de la sociedad superinformada, la enfermedad generalizada del estrés y la alternancia bipolar de sustancias estimulantes y sedantes, el triunfo estridente de la tecnología como principal escenario de la acción humana, la tecnificación de la vida y el triunfo de la profecía de Marx de que todas las cosas se convertirían finalmente en mercancías, el sexo y la salud, el arte y el espectáculo, el deporte y el tiempo libre, la paz y la guerra, la información y la educación, el agua y el aire.

Es asombroso el modo como han triunfado los paradigmas de la llamada civilización occidental. Fue asombroso ver anteayer al emperador Akihito hablando por primera vez por televisión a su pueblo, vestido con un traje occidental, con saco y corbata. Es asombroso ver el país que hace 66 años padeció por primera y única vez el apocalipsis atómico sobre sus ciudades, convertido ahora en productor de energía atómica, y víctima otra vez de los vientos radiactivos. Es asombroso haber tenido el privilegio y el horror de ver hace siete días en directo el modo como una ola monstruosa que venía de los abismos del agua iba barriendo y arrasando los litorales japoneses y convirtiendo en escombros las ciudades, estrellando los barcos contra los puentes, arrancando las casas como trozos de papel, moliendo en su trituradora automóviles, bosques, barrios, piedras, metales, máquinas y seres humanos.

Los diluvios y los tsunamis existieron siempre, lo que no existió siempre es una humanidad que puede estar presenciando al mismo tiempo la devastación de los tsunamis, los incendios de los reactores nucleares, los crímenes de las mafias mexicanas, la corrupción de los políticos colombianos, las manifestaciones de los demócratas egipcios, las elecciones en la devastada isla de Haití, las manifestaciones de los trabajadores de Winsconsin, los bombardeos de Gadafi sobre las ciudades rebeldes.

Lo nuevo no es la información, es el testigo. Lo nuevo no es la catástrofe planetaria y la confusión cósmica, sino el hecho de que la humanidad la presencie asombrada e inerme, y convierta las marejadas de la historia en parte fundamental de su propia existencia, sin tener a la vez mucha posibilidad de influir sobre ella.

Esta semana los periodistas amigos de la adrenalina se han animado a hablar de apocalipsis. Se diría que lo que nos parece a veces el fin del mundo no es más que la cotidianidad del mundo convertida, gracias a la tecnología, en una suerte de sofisticado espectáculo. Pero es verdad que ya estamos en la aldea de Bradbury, en el país de Frederick Pohl, en el planeta de Philip K. Dick. Ahora el viento trae un polen de cosas desconocidas, la naturaleza parece hablar una lengua distinta cada día, la historia entra a ráfagas por la ventana.

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Lo que asusta al filósofo



El Espectador/ Opinión/ Por: William Ospina/ 24 Abr 2011 - 1:00 am

EN RESPUESTA A MI RECIENTE COlumna "Nuestra edad de ciencia ficción", mi amigo el filósofo Juan Manuel Jaramillo ha escrito un texto alarmado que denuncia mis ataques sacrílegos a la sociedad tecnológica.

Juan Manuel nos recuerda que vivimos en la edad de la técnica y que ello es ineluctable. Pero no es eso lo que a mí me preocupa. Más me abruma la pasividad con que se vive ese fenómeno. Todos sabemos que ni siquiera asombro logran ya en los jóvenes esos modelos nuevos de teléfonos celulares cada vez más sofisticados, cada vez más táctiles, cada vez más efímeros. Ellos sólo quieren tenerlos ya y cambiarlos pronto.

Vivimos una época que convierte los mayores prodigios en realidades anodinas. Cosas que a los sabios de otro tiempo paralizarían de asombro, las recibimos entre la indiferencia y el tedio, y la industria las utiliza apenas como señuelo para hacernos consumir más.

Yo igual me dedicaría a cantar las alabanzas de tanto esplendor si no pudiera ver de antemano en el horizonte de la época el basurero en que convertirá al mundo la exquisita sociedad industrial. En rigor, antes de los materiales sintéticos y radiactivos nunca habíamos producido basura de verdad: todo entraba de nuevo en los ciclos de la naturaleza. Detritus humanos, residuos vegetales, papeles y cartones, escombros, nada de eso era verdaderamente oneroso para el mundo. Ahora es distinto y más vale que los filósofos y hasta los profesores de filosofía empiecen a preocuparse.

Según mi crítico yo olvido que vivimos en un sistema complejo e ingenuamente echo la culpa a los artefactos del modo de vivir de la época. Por supuesto que no son los discos compactos los que hacen que cada vez nos reunamos menos a conversar y a cantar; por supuesto que no son los televisores los que nos encierran a cada uno en una celda de egoísmo; por supuesto que no son los teléfonos celulares los que van haciendo que sólo lo distante valga la pena, y que sólo los ausentes sean dignos de atención, ya que sólo son sonidos y señales luminosas, en tanto que los que están presentes son cada vez más estorbosos: no nos dejan concentrarnos en la pantalla.

Al filósofo lo alarma que yo alce mi voz contra la admirable era tecnológica. Y yo quiero decirle que la verdad es que no soy tan peligroso. Ni siquiera detesto la era tecnológica, sólo expreso mi inquietud y mi llamado a la cautela ante sus pretendidas excelencias, y digo que valdría la pena ser prudentes frente a sus seducciones y vigilantes frente a sus maravillas. Pero quiero además que el profesor advierta la desigualdad de condiciones en que yo, de acuerdo con su interpretación, me bato contra la era tecnológica.

Ésta tiene a su favor no sólo todo el capital, todos los medios, todo el saber de las universidades, todo el arsenal de las industrias, todo el respaldo de los ejércitos y toda la veneración de la humanidad, sino también los elogios gratuitos de algunos filósofos como él, que candorosamente piensan que la tecnología necesita defensores contra unos escasísimos críticos que ni siquiera negamos su poder y su importancia, sino que apenas intentamos recomendar un poco de cautela ante su fuerza invasora y avasalladora.

Esa fuerza magnánima nos lleva en sus aviones al otro extremo del mundo (si tenemos dinero para pagarlo), pero también arroja bombas sobre ciudades con escuelas y hospitales; esa fuerza nos embriaga con sus espectáculos, pero también nos envenena con sus pesticidas; nos halaga con su publicidad opulenta y tentadora, pero sabe encadenarnos a sus casinos y a su consumo desaforado, a la vez que nos asfixia en su smog; lleva a nuestros hogares productos estupendos (si tenemos con qué comprarlos), pero hace avanzar eficientemente los basureros planetarios, llenos de empaques innecesarios, de la peste de las bolsas plásticas, de esas cosas que hoy son la moda y mañana la escoria; ilumina en la noche hogares y fuentes, comercios y parques con la energía de sus centrales atómicas, pero también destila sus aguas radioactivas hacia la sima sin testigos de la fosa oceánica.

Juan Manuel piensa que yo estoy arrojando un “anatema al Renacimiento, a la Ilustración, o al progresista y catastrófico siglo XX”. Según su imagen me voy “lanza en ristre contra el desarrollo tecnológico”, y de ese modo me muestra como un Quijote todavía más loco que don Quijote. Éste se batía en su delirio contra molinos de viento, que son gigantes concretos de aspas peligrosas, pero atacar a lanzazos una entidad tan abstracta como “el desarrollo tecnológico”, más que una necedad es un imposible.

En realidad, Juan Manuel, lo único que hago es opinar, criticar, utilizar el privilegio de la reflexión que nos dejaron el Renacimiento y la Ilustración, para decir que no toda novedad es un progreso y que no todo artefacto ingenioso nos beneficia. “La duda, decía alguien, es una de las formas de la inteligencia”. Qué raro que todo un filósofo piense que su capacidad reflexiva debe usarse mejor en refutar a los que dudan, que en meditar sobre las complejidades de la época. Qué raro que no considere su deber examinar los peligros que comporta tanto saber unido a tanto poder, tantos conocimientos aliados con tanta sed de lucro, tanto esplendor abrazado con tanto egoísmo.


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viernes, 29 de abril de 2011

El aporte ético y técnico de la UN en Aerocafé

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Por Gonzalo Duque Escobar *

Ante la vinculación que se le ha hecho a la Universidad Nacional de Colombia por parte de la Contraloría General de la Nación, en el primer trimestre de 2011, por una supuesta responsabilidad asociada a un detrimento patrimonial de recursos públicos, causados por presunto descuido o negligencia que explicaría fallas técnicas en varias obras que se adelantaron para la construcción del Aeropuerto del Café, como Profesor de la misma he decidido escribir estas notas para tratar de expresar algunas ideas que permiten resaltar la pertinencia, utilidad y valor del aporte ético y científico de nuestra Institución, gracias al concurso de varios docentes que participaros allá, todos compañeros en la vida académica, y subrayar cómo el cabal cumplimiento de su deber y aporte de la Sede Manizales durante las actividades que tuvo a cargo como interventora de obra, desde enero de 2005 hasta diciembre de 2007, resultó fundamental para aplicar debidamente los recursos públicos en la construcción de los terraplenes 1 a 7 en el marco del proyecto, capitalizando para la sociedad esa experiencia como una potencial herramienta desaprovechada al continuar con la obra y seguir avanzando buscando su culminación.

Lo que puedo señalar igualmente lo avala mi Declaración Juramentada del 19-08-2008 presentada a la Contraloría General de la República en la Gerencia Departamental de Caldas, además de mis escritos y vivencias como profesor de las cátedras relacionadas con los temas que entraré a considerar, tanto en el Programa de Ingeniería Civil como en el Programa de Construcción, donde he tenido a mi cargo cursos de Mecánica de Suelos, de Geología y de Economía del Transporte, de los cuales tengo mis propios textos y publicaciones de soporte para dichas materias.

Para el efecto trataré de mostrar que, si bien la historia del proyecto se parte en dos, mientras la primera fase donde estuvo la Universidad Nacional como interventora se resolvió de forma exitosa, sin aludir a la segunda fase del proyecto para la cual había concluido el correspondiente vínculo contractual de nuestra Institución, las críticas con las que se ha vinculado y señalado su responsabilidad, responden a interpretaciones de situaciones que desde la perspectiva epistémica no se corresponden con la verdad, se soportan en prejuicios y son una equivocada mirada al problema desde el campo teórico, desconociendo el fundamento empírico del problema. Ver Figura 1


Figura 1. Si en lo EPISTÉMICO se contempla Ética, verdades y creencias, en lo METODOLÓGICO entra el procedimiento lógico. Si lo TEÓRICO recurre a procesos demostrativos, lo EMPÍRICO se soporta en la experiencia y la comprobación.

En efecto, la visión equivocada que ha hecho curso en contra de la Universidad, supone que “la ingeniería es una a nivel universal”, que la construcción se abordó con tecnologías insuficientes cuyo alcance se limita a experiencias elementales locales, a que las fallas ciertas en los terraplenes 1 y 4 por ser previsibles, fueron consecuencia de imprevisiones técnicas y ambientales donde la universidad no se aplicó, que la capacidad ofrecida por la Universidad no era suficiente, y que en virtud de los niveles de salvable incertidumbre debió la Universidad impedir el avance de los proyectos hasta no superar semejantes circunstancias. Ninguno de estos puntos son ciertos, así se hayan presentado fallas en los terraplenes 1 y 4, obras sobre las cuales la Universidad tuvo una participación en la primera fase del proyecto, la cual nunca respondía por los grandes terraplenes actualmente en construcción, sino por otros de menor complejidad que se construyeron hasta finales de 2007. Vale señalar que dicha participación solo comprende la fase inicial del Terraplén 4.

Para empezar debo advertir que siempre lo teórico por recurrir a métodos demostrativos resulta aplastante para nuestra Universidad, mientras lo vivencial de su buen accionar que se dio sobre procedimientos inductivos partiendo de la experiencia, por lo sutil de lo empírico resulta difícil de ver por la sociedad. Entre uno y otro campo, desde la época de Galileo ha quedado establecido que el método científico, no es deductivo, y que responde a procesos absolutamente inductivos, por lo que la teoría siendo un asunto necesario e importante, antes que desconocer la realidad debe saber interpretarla.

Pero por razones que podrían servir de distractores para centrar la atención en presuntas anomalías de otra naturaleza, si es que las hay, en el caso de Aerocafé el fundamento epistémico se ha nutrido de prejuicios para argumentar proposiciones, a partir de procesos demostrativos que desconocen la realidad, falsean los hechos y vivencias del proceso, y afectan nuestra Institución. Ver Figura 2.


Figura 2. Como lenguaje, la TEORÍA apenas es un conjunto de tautologías que carece de contenido sustantivo, pero que ofrece un sistema para procesar experiencias y aportar elementos, facilitando consideraciones en parte lógicas y en parte fácticas. Adaptada de http://es.wikipedia.org

De ahí que, pretenda mostrar hasta donde son correctas o incorrectas las proposiciones anteriores, expresadas no para construir una Teoría o Hipótesis, sino pensando desde afuera en cómo debieron ser las cosas y no en cómo ocurrieron. Si a partir de una infinidad de premisas las hipótesis dan para suponer cualquier cosa, limitándolas a lo ocurrido se esclarece mejor el campo del conocimiento.

Es bueno empezar señalando que en virtud del Estatuto 1210 de 1993, la Universidad Nacional de Colombia, creada por la Ley 66 de 1867, “es una comunidad académica cuya misión esencial es la creación, desarrollo e incorporación del conocimiento y su vinculación con la cultura”, y como tal establece su misión para “desarrollar la docencia, la investigación, las ciencias, la creación artística y la extensión”, buscando dichos fines y los demás que le señala dicha Ley. Grave sería que la Universidad del Estado no estuviera presente nutriéndose del conocimiento y del desarrollo tecnológico adquirido en su ejercicio académico con este proyecto de características singulares, y como poseedora de saberes locales aportándole al desarrollo del país, máxime cuando cuenta con un programa de Ingeniería Civil creado hace 63 años para esta región, un equipamiento técnico-instrumental con equipos robustos y adecuados para el caso, además de un recurso humano especializado, idóneo y calificado para las tareas que se propuso como interventora.

Un contexto

Posiblemente, el desafío que demanda la construcción de la obra ingenieril para la pista de este aeropuerto en Palestina, empieza por preguntas tan simples como: cúal es el escenario económico, social y ambiental del proyecto, lo que a su vez condiciona sus posibilidades a la capacidad tecnológica, financiera e institucional, aspectos que dependerán del entorno geológico y ambiental, como de los recursos técnicos y científicos disponibles en la región. Para esto efectos, la modelación geotécnica para evaluar el comportamiento dinámico del proyecto con el concurso de expertos foráneos, más que importante parece crucial. De lo anterior surge como alternativa una opción: recurrir a un aeropuerto que no se soporte en una costosa plataforma o viaducto de acero y concreto, sino en una infraestructura de bajo costo, resultado de grandes movimientos de tierra donde cortes y llenos se compensan a lo largo de una colina objeto de un modelado topográfico. El resultado, una estructura de tierra cuya complejidad dependerá de la mayor o menor magnitud de los terraplenes, y su viabilidad de la experiencia de los constructores (capacidad técnica y científica) en el manejo de las ofertas y demandas ambientales (medio ecosistémico y construido), entre otros factores.

Pero la obra inicialmente pensada como una solución alterna y equivalente al Aeropuerto de La Nubia, cambió sustantivamente después de 2007, cuando se pasó de un proyecto con pista de 1700 m sobre terraplenes pequeños, como el 2, 3 y 5 de relativa simplicidad y terraplenes medianos como el 1, 4, 6 y 7 cuya complejidad llega al límite del estado del arte, a desarrollar otro aeropuerto con una pista de 2300 m, que por resultar más largo exigía terraplenes adicionales de gran tamaño y mayor complejidad ingenieril, como los terraplenes 8, 9 y 10. Así que con el cambio de proyecto se creó una nueva circunstancia, y como tal una situación diferente a la anterior, que ameritaría la investigación geotécnica y mayor experticia como fundamento necesario para superar ese desafío: sólo que en este segundo escenario, dado que había liquidado su contrato de Interventoría en diciembre de 2007, la Universidad Nacional de Colombia no participa, pero advierte de esa necesidad. Esto es, con la extensión y mayor envergadura, el proyecto entra a presentar nuevos problemas que deben ser estudiados abordando la obra con otro modelo ingenieril y nuevos recursos instrumentales y humanos, coherentes con el necesario desarrollo tecnológico dada la complejidad y estado del conocimiento, la deformabilidad y baja resistencia de la mezcla de suelos residuales (los asociados a la meteorización del macizo rocoso) con suelos derivados de cenizas volcánicas, los mayores niveles de esfuerzos asociados a la mayor altura de los llenos, la fragilidad o vulnerabilidad de las rocas de soporte para dichos terraplenes, y las dificultades geofísicas y ambientales del proyecto.

Es importante señalar que el Terraplén 5 se utilizó como terraplén de prueba, por estar en el límite de complejidad entre los terraplenes pequeños y medianos, para reducir los niveles de incertidumbre consustanciales a las condiciones del proyecto, tales como el tipo de obra, estado del conocimiento, capacidad técnica, recursos económicos, información disponible, naturaleza y estado de suelos y rocas, y condiciones ambientales y de entorno. Las pruebas ejecutadas para el Terraplén 5 y el seguimiento integral de la licencia ambiental, ambas conocidas por Corpocaldas en 2005, confirman el carácter experimental de ese terraplén como primer terraplén y como terraplén de prueba, donde los ensayos de campo y laboratorio quedan establecidos en los resultados y análisis presentados por escrito y de utilidad para el diseño de los demás terraplenes, y para los efectos de lo señalado en el Plan de Manejo Ambiental. Este Terraplén exhibe hoy el manejo cabal e integral de la primera fase de Aerocafé.

Aunque hubiese sido deseable la documentación más extensa de esta experiencia, lo anterior resulta sustancial para señalar que necesariamente el proyecto presentará problemas cuyas fallas deberán capitalizarse para hacerlo viable, problemas como los ocurridos en el inicio del Terraplén 4 y que lograron superarse, como también en el Terraplén 1 cuya suerte puede ser explicada por esta causa y no como consecuencia de la imprevisión humana, y donde hubo uso complementario y utilidad marginal de la inversión.


Figura3. Dos etapas con dos proyectos diferentes: con terraplenes medianos e intermedios que agotaba el estado del arte, y otro sobre terraplenes grandes que se constituyen en un reto para el cual la experiencia anterior resultaría, más que importante, fundamental. Adaptada de http://www.hirender.com

Valorando lo nuestro

Desde la perspectiva tecnológica y económica el contexto y naturaleza de las obras para el Aeropuerto del Café en Palestina, no admiten un prejuicio como el de desestimar nuestro desarrollo tecnológico, por incipiente que parezca, bajo el presupuesto de que la ingeniería es una: ni siquiera el médico en su ejercicio profesional parte de enfermedades, sino de que existen pacientes, cada uno con particularidades.

Lo anterior permite abordar el problema cultural de la dependencia tecnológica, dado que a partir de estos enfoques concebidos a veces desde la propia academia, donde sabemos mucho de ciencia y tecnología pero poco de saberes, amparados en ese criterio replicamos tecnologías foráneas en vez de expresar los saberes y valores de la cultura popular y ancestral en los términos de la ciencia moderna, o compramos proyectos llave en mano destinando valiosos recursos que al no incorporar procesos le cercenan posibilidades de desarrollo al país sin dejarle nada. Por eso es que dependemos de la medicina de Washington que alimentando el mercado desconoce nuestras plantas medicinales, o de modelos para vivienda de interés social soportados en la poderosa tecnología americana del concreto y del acero, que para los mismos efectos termina excluyendo tecnologías vernáculas como el bahareque donde se cosechan los productos de nuestra oferta natural y cultural.

Esas premisas que valoran la importancia del patrimonio cultural de los pueblos, su desarrollo tecnológico y económico y el proyecto de ciencia de la Nación, además de explicar la importancia del ejercicio de la Universidad en Aerocafé, al ver el proyecto como una oportunidad sustantiva para avanzar en procesos de desarrollo y adaptación tecnológica, invitan también a diseñar políticas de ciencia y tecnología que orienten el gasto público prioricen proyectos que estén a mitad de distancia entre las tecnologías convencionales y de punta: a modo de ilustración, para los proyectos energéticos, entre la estufa de leña y la planta nuclear. Al respecto vale la pena señalar que, si ayer la CHEC pasó de La Ínsula (20mil Kw) o La Esmeralda ( 30 mil Kw), a Hidro-Sanfrancisco (135 mil Kw), en lugar de seguir con la hidroeléctrica de la Miel (400 Kw) jalonando la industria e ingeniería en el orden regional y nacional, por decisiones del Estado se dio el salto a la construcción de macro-proyectos de tamaño extremo, como Chivor (1 millón de Kw) y El Guavio (2 millones de Kw) que finalmente costaron el doble de lo presupuestado, como consecuencia de haber abandonando los procesos de desarrollo tecnológico necesariamente graduales y haber equivocado la estrategia para jalonar el desarrollo de las fuerzas productivas y de la ingeniería de la Nación.

Para el caso que nos ocupa, la mecánica de suelos se ha desarrollado en los suelos transportados de las latitudes altas, en USA y Europa, donde imperan condiciones diferentes a las del trópico andino cuyo medio natural entrega una oferta de suelos, rocas, clima, biota, ambiente tectónico y geofísico singulares. Allá los suelos poseen fábrica estructural (discontinuidades) predecible y la fábrica textural (minerales) gobernada por factores físico, lo que no los nuestros donde entran factores aleatorios y químicos, respectivamente. En el caso especial de Palestina las rocas sobre las cuales se apoyan los terraplenes, entre ellas los esquistos grafitosos que se alteran en días y semanas al entrar en contacto con la humedad, son rocas de origen marino dispuestas en un ambiente topográfico, sísmico e meteorológico adverso, altamente plegadas y fracturadas, donde esas masas grafitosas intercaladas y susceptibles a la degradación acelerada cuando se exponen a la intemperie, se han formado en los fondos oceánicos carentes de oxígeno y con azufre, antes de levantarse con el conjunto durante la orogénesis, para cubrirse luego bajo mantos de cenizas volcánicas de metros de espesor.

Igualmente los suelos derivados de las cenizas volcánicas que las cubren, entran en la mezcla con suelos derivados de aquellas (suelos residuales del lugar) para conformar los materiales que se compactan durante la construcción de los terraplenes. Los suelos derivados de cenizas, son reconocidos en la literatura especializada como suelos especiales, dado que su estabilidad, comportamiento hidráulico y manejo en obra, responden a complejas características eléctricas, y no a los simples parámetros físico-mecánicos de otros materiales térreos de construcción.


Figura 4. Fallas asociadas a la incertidumbre consustancial de la tecnología regional, en un talud tratado de la Av. Alberto Mendosa Hoyos. Manizales, abril de 2011.Imagen de http://smpmanizales.blogspot.es/

En virtud de lo anterior vale la pena señalar que en la región se ha desarrollado una tecnología , tan autóctona como el bahareque la más vernácula de las tecnologías de vivienda para nuestro medio tropical aportada en la colonización antioqueña: se trata de la tecnología para el control de la erosión y el manejo de aguas en ambiente torrencial de este medio tropical, la que ha venido desarrollándose por la ingeniería regional desde las épocas de CRAMSA (1974) con el concurso de la academia, entre otros, al implementar obras para tales fines a partir de experiencias y desarrollos en rellenos hidráulicos para darle piso a la ciudad a lo largo del Siglo XX, y de investigaciones de la Universidad Nacional de Colombia sede Manizales. Igualmente con experiencias significativas en cenizas volcánicas del Comité de Cafeteros capitalizadas desde mediados del pasado siglo, y ahora por los ingenieros de la región en la construcción de la Autopista del Café y en las vías del Plan 2500 en Caldas, donde la Universidad ha estado presente cuidando celosamente el debido destino y aplicación del erario público, o con la experiencia obtenida en los desarrollos de la Central Hidroeléctrica de Caldas, CHEC, donde se subraya la construcción de la presa en tierra de La Esmeralda en la década de 1960 y de la presa de la Miel de años recientes, para la cual contribuyó nuestra Institución con el modelo hidráulico a escala reducida.

Todo esto que ha contribuido al desarrollo del proyecto como un activo, es un patrimonio tecnológico incorporado por la ingeniería local, gracias a la apropiación social fruto del quehacer de la Universidad Nacional de Colombia, y como tal una contribución al proyecto de ciencia para la Nación. De ahí que gracias a este aporte y al nivel o estado del conocimiento en nuestro medio, la construcción de los terraplenes 1 a 7 resultaba ser una empresa adecuada para un equipo de especialistas locales con experiencia en el tema. Necesariamente en los terraplenes 8, 9 y 10, el perfil académico y de experticia de los responsables del proyecto debería ser otro: el de profesionales formados para la investigación y con experiencia más amplia.

Cómo se abordó la obra

Existen dos tipos de universidades: las universidades del conocimiento y las de docencia. Las primeras formando Doctores y por lo tanto investigadores, mientras las segundas formando Especialistas y como tal profesionales entrenados para aplicar un tecnología de forma exitosa. El nivel de Maestría, que resulta ser para un híbrido entre el investigador consumado y el especialista experto, es justamente el que demanda el oficio de un profesor universitario, dados la naturaleza y carácter de nuestras universidades. Esta aclaración resulta relevante para hablar de la competencia del personal que participó en el proyecto por parte de la Universidad, haciendo la interventoría de la construcción de terraplenes pequeños y medianos que no superaban el estado del arte, como son los terraplenes 1 a 7.

En efecto: la Universidad desplegó una actividad que en la parte sustancial estuvo a cargo de Carlos Enrique Escobar Potes, Ing. Civil (1980) con 30 años de experiencia calificada en este campo del conocimiento, Profesor del área de geotecnia y coautor del texto universitario Mecánica de los suelos (2003), disponible en www.galeon.com/geomecanica Para ser más contundente en esta diferenciación, quisiera señalar que a los médicos se les forma como especialistas y no como doctores, dado que su formación de carácter profesional, busca prepararlos para resolver problemas y no para investigarlos.

Desde el punto de vista metodológico la Universidad siempre entendió que los recursos disponibles en el país para acometer el Aeropuerto del Café, son muy limitados, razón por la cual los promotores del proyecto optaron por terraplenes y nunca por una gran plataforma de concreto anclada a modo de viaducto sobre una estructura compleja y sustancialmente costosa. De ahí que mientras el Aeropuerto Internacional de Hong Kong se haya desarrollado a un costo de US 15 mil millones, el Aeropuerto del Café desarrollado hasta la pista de 3.600 metros, podría costar el tres por ciento de esa cifra.


Figura 5. Geología regional mostrando el ambiente tectónico entre Manizales y Palestina, afectando rocas de edad Cretácica. Plancha K8, Ingeominas.

Igualmente la cartografía del país tiene un retraso sustancial de tipo estructural, el que ha gravitado en el caso de Aerocafé y de las muchas obras de infraestructura que dependen sustancialmente de ella: para este Aeropuerto se logró resolver en la medida de lo posible las deficiencia estructural de la cartografía temática y de detalle existente: por ejemplo para las inconsistencias entre lo proyectado y construido, como consecuencia de errores en las curvas de nivel de los planos oficiales, y para completar la información geológica, dado que la resolución de la cartografía, aunque de gran utilidad, no era suficiente.

Aunque esta información se complementó, el trabajo de campo posible y desplegado con cuidado, deja incertidumbres no solucionables, dado que por razones tecnológicas el proceso manual no compite con los costosos recursos tecnológicos de las herramientas modernas, tales como sensores remotos (imágenes satelitales y aerofotografías). Es evidente que siendo el papel y la responsabilidad de la Universidad la interventoría de obra, y no la de diseño y manejo (gerencia) del proyecto, o su construcción, existía un límite ético a sus funciones en virtud del cual sin dejar de advertir asuntos necesarios y acatando las directrices ambientales de Corpocaldas, no debía ir más allá de lo que siempre hizo cumpliendo con su responsabilidad, bajo el presupuesto de la idoneidad del diseñador y la gerencia del proyecto, a cargo de personas visibles y conocidas en nuestro medio, avaladas por los títulos y reconocimientos del Estado y la sociedad, y designadas por la Junta Directiva de Aerocafé, como también la del constructor seleccionado por procesos de contratación indubitados a la fecha.


Imagen 6. Para alcanzar el nivel de información que requiere un proyecto, se llega combinando métodos de diferente costo: primero la geología de campo, más económica, y por último, las costosas perforaciones exploratorias. Imagen en: http://www.galeon.com/cts-economia/energia.htm

Incertidumbres insalvables

Esa incertidumbre se suma a la del verdadero estado y extensión espacial de las rocas altamente susceptibles a degradarse a la intemperie y cubiertas por metros de capas de cenizas volcánicas, al carácter aleatorio de la orientación y estado de las discontinuidades del macizo rocoso cubierto por esas cenizas (planos de estratificación y ruptura no visibles), al complejo comportamiento de suelos de cenizas volcánicas participando con proporciones variables en mezclas de suelos residuales de composición aleatoria; además de las dramáticas variaciones ambientales (el clima tropical con su humedad y temperatura). Así y todo, pese a las incertidumbres consustanciales, los terraplenes de la primera fase, la del 1 al 7, fueron bien construidos tal cual se puede advertir hoy en las obras, incluyendo los relictos del Terraplén 4 que ha fallado por otras condiciones y circunstancias ajenas a la Universidad Nacional, dado que hasta su participación hubo procesos y productos adecuados y estables, resultado de las obras que custodió como interventora, del acatamiento a las instrucciones de la autoridad ambiental, como de la observancia de los diseños y especificaciones técnicas y de las decisiones de la Gerencia, quien tomaba las decisiones del caso.


Figura 7. Macizos rocosos mostrando sus planos de discontinuidades, conformados por fracturas y capas de rocas. Izq: la Sultana. Der. Cajamarca. Fotos personales.

Y tal cual se señaló en el contexto, dado el estado del arte y complejidad variable de la obra, el proceso constructivo optó como estrategia por desarrollar inicialmente los terraplenes pequeños, para que dicha experiencia sumada a la el terraplén de prueba, facilitara la construcción de los terraplenes mayores, admitiendo entonces que las fallas menos probables en los primeros y más factibles en los segundos, se podrían presentar dentro de ciertos límites razonables, generándose con las mismas un nuevo conocimiento útil para retroalimentar el proyecto, y de paso reformular o complementar la teoría existente para nutrir la ingeniería local con ese patrimonio adquirido en la experiencia de la obra, gracias al concurso de la Universidad quien garantizaría su apropiación social.

Cuando se inicia la segunda fase del proyecto en 2008 y se enfrenta la construcción de los grandes terraplenes, lo grave ha sido entonces la salida de la Universidad en cuanto técnicamente no se blinda y en cambio se descapitaliza el proyecto, dado que ésta también tenía la capacidad de expandir su oferta y capacidad de servicios con la componente investigativa, y aportar con sus experiencias adquiridas a través de los terraplenes 1 a 7, para abordar con mayor probabilidad de éxito los terraplenes 8, 9 y 10 de la segunda fase del proyecto, sumando la valiosa experiencia profesional e investigativa de más Profesores venidos de las sedes de Bogotá y Medellín y dispuestos a aportar.

La metodología implementada empezó por construir un terraplén de prueba, que examinando la relación costo/beneficio resultaba procedente hacerlo tomando el Terraplén 5 de la obra, en virtud de sus características. El tamaño importante de esta estructura es un elemento sustantivo, dado que un pequeño lleno no permite encontrar el desempeño de los elementos relevantes de la prueba. Concluido exitosamente éste y otros tres, se inicia el Terraplén 1, en el cual, a pesar del diagnóstico favorable de las rocas inferido por el estado y conservación milenaria de las capas de ceniza volcánica de la cobertura, se presentan dificultades con las rocas del piso que lo soporta: justamente con los esquistos grafitosos ya señalados.

La falla que se presenta en el Terraplén 1, es consustancial con la incertidumbre del problema, y no responde en ningún momento a imprevisiones humanas; aún más, el equipo valora el plan de contingencia como respuesta a esta dificultad, y los dueños del proyecto deciden, tras resolver los impactos ambientales, suspender las inversiones y desplazar el eje del Aeropuerto aprovechando en sumo grado lo que se ha construido del Terraplén 1, por considerarlo viable, adecuado y conveniente. La inversión en el Terraplén 1 fue parcial y su parte construida generó tres tipos de beneficios: entregó conocimiento útil para el desarrollo del proyecto, cumplió con funciones estructurales aportando confinamiento al macizo rocoso y contribuyendo al drenaje, y quedó con aportes funcionales ya que como escombrera generó economías de obra de construcción y como superficie conformó parte de las área complementarias de la pista.


Figura 8. Aeropuerto del Café: planimetría general señalando dos pistas: 2100 m y 2700 m y la proximidad y tamaño de la cabecera de Palestina. http://actividad2desarrollo.blogspot.com

Esto es, la inversión parcial en el Terraplén 1 no se constituye en un detrimento patrimonial, máxime cuando lo que se edificó y desplegó, sí tuvo verdadera utilidad, no solo para lo señalado, sino también en la componente ambiental, asunto que se avala con la conformidad derivada de la gestión de Corpocaldas. Y pese a que lo anterior resulte ser un argumento fácil de presentar a posteriori, sin desestimar las consecuencias de dicha falla, lo señalo con el objeto de facilitar el justo balance de lo realizado, balance donde también entraría el beneficio asociado a la correcta ejecución de varios terraplenes, para resolver la pregunta en torno a cómo iba el proyecto a pesar de lo ocurrido en una obra donde eran probables las fallas, las que seguirán siéndolo, hasta cierto nivel de importancia.

Adicionalmente vale la pena señalar que gracias al concurso de la Universidad, la obra se enriqueció: se pueden observar en los terraplenes ejecutados del 1 al 7, obras propias de la tecnología regional, las cuales se implementaron tras haber encontrado que unas estructuras de drenaje con tecnología PVC no cumplieron con el propósito para el cual estaban destinadas. Igualmente al examinar lo ocurrido con los terraplenes 1 y 4 también se encuentra que a pesar de la falla de la roca sobre la cual se soportan, los terraplenes como tal estuvieron bien construidos, bien ejecutados, bien hechos, y de conformidad con los planos, e incluso dotados con elementos que los enriquecían y que fueron propuestos y avalados en conjunto por el equipo responsable de la obra, del cual hizo parte la Universidad prestando su concurso como interventora y Corpocaldas velando por los recursos naturales.


Figura 9. Secuencia de los Terraplenes 8, 9 y 10. La Patria.com

Luego se presenta la situación con el Terraplén 4 donde más adelante se construye parte de un tacón o pequeño terraplén de contrafuerte diseñado por el asesor de gerencia responsable de los asuntos de este orden, como medida para asegurar su estabilidad que aparece comprometida. Pero con la salida de la Universidad y habiendo quedado iniciado pero no pudiendo concluirse el Terraplén 4, entrega la Institución un conjunto de instrucciones claras y precisas, por escrito, relacionadas con el necesario manejo de aguas, no solamente superficiales sino también subterráneas, en especial las primeras porque son las que pueden penetrar el terraplén y alcanzar el macizo rocoso sobre el cual se soporta; macizo rocoso donde la presencia de esquistos grafitosos hace vulnerable la estabilidad de la obra, en caso de degradarse tal cual se aprendió en el Terraplén 1.

Habiendo salido la Universidad, la suerte de la estabilidad de la obra queda dependiendo de tales medidas, y de las incertidumbres propias del proyecto, las que posiblemente serán definitivas, dado que el 2008 resultó ser un año en el cual las precipitaciones exacerbadas con la presencia de La Niña alcanzaron registros históricos, como fue noviembre, consecuencia del calentamiento global.

En resumen, la Universidad participó en 7 terraplenes donde las fallas que se presentaron se reducen a lo que ocurre con el Terraplén 1, y donde los problemas del Terraplén 4 tuvieron un manejo adecuado para el caso, mientras tuvo competencia como interventora. Si las fallas progresaron después de haber concluido su labor, consecuencia posiblemente de la acción destructiva del agua, de no haberse implementado las obras y demás acciones que la Universidad dejó como instrucciones expresas para prevenir el deterioro de la estabilidad de dicha estructura, de haberse dejado inconclusa y expuesta, las consecuencias escapan de su responsabilidad, dado que no son su competencia.

En esta parte, creo importante resaltar que la Universidad también se ha beneficiado de su vinculación directa al proyecto, al haber contado con un escenario de oportunidades para investigar. Esta posibilidad de capitalizar conocimientos necesarios para la región y para el país, probablemente se habrían perdido con otro tipo de entidad. Ej.: el método de ensayos de compactación que desarrolló el Profesor Carlos Enrique Escobar sobre los procesos constructivos; el Profesor Óscar Correa desde sus cursos de Mecánica de Suelos; y el suscrito con más de 10 publicaciones en para los cursos de Ciencia Tecnología y Sociedad, CTS y de Economía del Transporte, que se presentan en el texto: http://www.galeon.com/economiaytransportes

Relevancia del proyecto

Ya aludíamos al costo del Aeropuerto Internacional de Hong Kong, cifrado en un valor comparable al monto de las reservas o de la deuda externa de un país promedio en vía de desarrollo. Semejante cifra se explica por el rol económico de dicha urbe como centro financiero y comercial. Los US 15 mil millones, más que un gasto, fueron una inversión que se hizo para que la economía de la ciudad resultara viable, dado su carácter protagónico como nodo del transporte mundial y como centro económico de Asia.

Ahora, reconociendo tal cual lo he señalado desde años antes, que el Aeropuerto del Café debe ganarse la voluntad política y reconocimiento regional, que no tendría bancabilidad sin un desarrollo ulterior hasta dotarlo de una pista de 3600 m cuya financiación debe ser objeto de la inversión privada y no del gasto público, entonces obligado a los argumentos para los contradictores del proyecto, señalo algunos que para la ocasión no deberían pasar por alto.

En un artículo que titulé “Aerocafé, uno de los tres aeropuertos competitivos de Colombia”, de enero 17 de 2000, en el que empezaba señalando que dicho nombre, para el entonces Aeropuerto de Palestina, sí le aportaría al país y al proyecto de construir esta región cafetera, señalaba para el caso de Colombia las diferencias entre los aeropuertos de Cali, Barranquilla y Aerocafé que cumplían bien, con los del resto del país: El Dorado por su altitud impide que los Jumbos no puedan salir de Bogotá a Europa o Santiago, full carga, pasajeros y combustible; Rionegro “vive cerrado”; Cartagena resulta estrecho, y los demás, como ocurre en La Nubia y Matecaña de Pereira, o poseen pistas cortas o se opera con la ciudad encima y por una misma cabecera. Señalaba además que aunque la evaluación de Matecaña, hecha por la firma Corporación Aeropuerto de Paris en 1982, propusiera llevar el escenario hacia Cartago, en virtud de los posteriores desarrollos viales el aeropuerto de Santa Ana ha dejado de ser estratégico por no contar ahora con su “cuenca propia”, que es su territorio o radio de influencia estimado en una hora por tierra, lo que significa que el ya depreciado aeropuerto de Palmaseca y Sata Ana en Cartago, se interfieren y compiten, mientras que Aerocafé cuenta con “cuenca propia”. Igualmente, lo anterior sumado a que la longitud de pista en Cartago es de 2200 m, extensión equivalente a 2700 m en Palestina por ser más alto, explica por qué en tantos años de existencia Santa Ana no haya generado mayor impacto regional.

Y a pesar de señalar que en Palestina Aerocafé no admite segunda pista, pero sí un Jumbo levantando más carga, los argumentos que muestran la bancabilidad de Aerocafé se han ido consolidando. Las tarifas de pasajero y carga más competitivas tienen que ver con dos puntos: primero porque en aeropuertos de pista corta como son las otras pistas del Eje Cafetero, los aviones medianos y pequeños no pueden ofrecer tarifas reducidas, ni fletes bajos; de ahí que sólo tengamos exportaciones importantes de flores en Rionegro y El Dorado. Esto es similar a lo que ocurre con Buenaventura o Cartagena operando con barcos Panamax, donde los fletes marítimos resultan 5 veces superiores a los que ofrecerán los barcos súper-pospánamax que transitarán el Canal de Panamá cuando esté ampliado. El segundo punto, que de acuerdo con lo señalado por la organización que agrupa a los pilotos civiles de Colombia, Aerocafé ofrece condiciones para costos de fleteo superiores a las de Rionegro y El Dorado: un Jumbo que podrá despegar de Palestina con 112 mil libras, levanta 75 mil libras en el aeropuerto de Rionegro y 83 mil libras en El Dorado; esto sumado a su ubicación de privilegio en el centro de Colombia, permite pensar que también Aerocafé podría generar un centro de convergencias aéreas alterno a El Dorado dada su limitación por los 2550 m de altitud.

En materia de empleo y trabajo, variable socio-económica sensible para las capitales cafeteras, basta señalar que el primer empleador en las grandes megalópolis del planeta, es el puerto o el aeropuerto, tal cual ocurre en Chicago o Atlanta con el Aeropuerto, o en New York, Hog Kong y Amsterdam, ciudades donde puerto y aeropuerto compiten. En estos casos no se trata de los empleados del terminal, sino de personas que se ocupan en actividades y empresas que se fundamentan en el medio de transporte dependiendo absolutamente de él. De ahí la importancia de ver un aeropuerto más allá de la pista o los puertos mirando más allá del malecón: viéndolos como nodos del transporte y como corredores logísticos.

Por lo anterior, recalco la necesidad de reformular los instrumentos de planificación y desarrollo de los municipios vecinos, para ordenar sus territorios de forma coherente y adecuarlos a los impactos de Aerocafé. Para el efecto habrá de implementarse políticas y acciones orientadas a la reconversión industrial y agropecuaria de cara a los conflictos de los actuales usos de recursos y procesos productivos, donde urge la producción limpia y el desarrollo tecnológico y cultural, y una gestión mediante la articulación de actores estratégicos (gobierno, academia, empresa y sociedad civil), concertando y desarrollando nuevas condiciones para subsectores específicos que respondan a las fortalezas culturales y naturales de la Ecorregión Cafetera, dado que Aerocafé puede dar cuenta de nuestras limitaciones de conectividad como territorio mediterráneo, facilitando actividades tales como agroindustria, flores, confecciones, artefactos y servicios tecnológicos de alto valor agregado, turismo y otros servicios.

Segunda fase de Aerocafé

Y volviendo a la segunda etapa del proyecto iniciada en 2008 para buscar una pista de 2100 m, en la cual la Universidad ya no está vinculada como interventora, continúa una fase constructiva que debe blindarse técnicamente de otra forma en virtud de los grandes terraplenes, lo que exige importantes obras de cimentación y un diseño más sólido, no solo de los terraplenes sino de la forma de ejecución, e instrumentación que la acompañe necesaria para el control del proceso constructivo, con una labor orientada por un equipo humano con experiencia calificada; esto para lograr un diseño que identifique recomendaciones y normas cuidadosas o procedimientos especiales, además de planes de contingencia en caso de eventuales dificultades que se puedan anticipar, lo que significa resolver por la vía de la prevención los problemas ingenieriles posibles y probables, existiendo otros imponderables en virtud de la incertidumbre consustancial del proyecto, amplificada para esta etapa.

Con este enfoque es probable pronosticar o advertir algunas de las fallas estructurales en los llenos o en el piso rocoso de la base que los soporta, y eventuales asentamientos que generen deformaciones indeseables del terreno que habrá de recibir el exigente pavimento de la pista. Por lo tanto, todo lo dicho sugiere una instrumentación no convencional, que además de lo anterior permita evaluar a futuro, en condiciones de sismo y lluvia, el estado y comportamiento del sistema de drenaje, y la estabilidad estructural y volumétrica del Aeropuerto, además de los terraplenes ya construidos en virtud de la naturaleza del problema.


Figura 10. Imágenes virtuales que recrean Aerocafé, capturadas de videos de La Patria tv y Aeropuerto del Café, en http://www.youtube.com

Ahora el problema a mi juicio, es cómo desarrollar el proyecto hasta los 3.600 m, por ser el aeropuerto que se requiere y el que ofrece posibilidades de financiamiento privado (bancabilidad), y para el cual en la dimensión técnica las condiciones geotécnicas no están resueltas a pesar de los estudios de suelos existentes a la fecha, hechos por prestigiosas firmas de la ingeniería local, pero en los que su certificación posiblemente resultaría insuficiente para soportar los requerimientos de un empréstito internacional condicionado a experiencias similares por demás inexistentes; como tampoco está resuelto el necesario clima de confianza pública en virtud de los cuestionamientos administrativos y mediáticos que han gravitado luego de la salida de la Universidad y del Comité de Cafeteros, dos instituciones que además de entregar en pie la obra, hicieron aportes éticos, desempeñándose con responsabilidad ambiental, económica y social.

Sin blindar técnicamente el proyecto ni recuperar esa confianza de la sociedad civil, no tiene sentido intentar desarrollarlo integralmente, buscando repotenciarlo con compromisos de los actores sociales todos, en virtud de sus bondades por los impactos favorables que se avizoran, satisfacer no solo lo señalado en el campo geotécnico, sino también otros aspectos sociales, económicos y ambientales de la generalidad del proyecto, pero visto como un corredor logístico que debe estar articulado al sistema de transporte de aire y tierra, al sistema urbano regional, y a la economía de bienes y servicios de la región, además de contar con la voluntad política de sus beneficiarios, asunto por construir, y de responder a las necesidades reales e imaginarios de los habitantes de una región agobiada por la crisis del café, cuyo notable potencial social, cultural y ambiental puede detonar en gran parte el Aeropuerto.

Y en consecuencia, cómo no hacerlo con la Universidad, pero entendiendo que éste nuevo proyecto requiere una reformulación integral de tipo estructural, pues no se trata de una simple pista, sino de un medio y un bien público, estratégico para facilitar el desarrollo regional. Aerocafé es algo más que un aeropuerto: se trata de una opción de desarrollo para el centro occidente colombiano, cuya condición mediterránea le exige un sistema integral de transporte que contemple el medio aéreo, además del desarrollo y transformación del sector productivo y de servicios, a partir de una reconversión del sector agropecuario y de la apertura de nuevas líneas productivas y de negocios, desarrollando bienes y servicios a partir de la oferta cultural y ambiental de esta ecorregión, compatibles con dicho sistema de transporte, gracias a este medio necesario para articular la región al mercado internacional.

Manizales, abril de 2011.
* http://webdocentes.unal.edu.co/gduquees


Referencias en:

AEROPUERTOS: enlaces sobre Aerocafé. Gonzalo Duque Escobar, en: http://godues.blogspot.com/2011/04/aeropuertos-enlaces-sobre-aerocafe.html

Aspectos geofísicos de los Andes de Colombia (II versión). Duque Escobar, Gonzalo (2009). 1er Congreso Internacional de Desempeño Humano en Altura. Manizales. En: http://www.bdigital.unal.edu.co/1580/

Fundamentos de economía y transportes. Duque Escobar, Gonzalo (2006). Texto de clase. Universidad Nacional de Colombia, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/1879/

Geotecnia y medioambiente. Módulo para el curso sobre metodología de la investigación. Duque Escobar, Gonzalo (2003) Universidad Nacional de Colombia, Manizales, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/1704/

Manual de geología para ingenieros. Duque Escobar, Gonzalo (2003). Texto de clase. Universidad Nacional de Colombia, Manizales. En: http://www.bdigital.unal.edu.co/1572/

Mecánica de los suelos. Duque Escobar, Gonzalo and Escobar Potes, Carlos Enrique (2002). Texto de clase. Universidad Nacional De Colombia. En: http://www.bdigital.unal.edu.co/1864/

Túnel Manizales. Duque Escobar, Gonzalo y Duque Escobar, Eugenio. (2010). XIII Congreso Colombiano de Geotecnia, SCG – U.N. de Colombia, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/2046/

Tintos amargos para repensar Aerocafé Duque Escobar, Gonzalo (2011). La Patria, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/3216/

lunes, 18 de abril de 2011

Las Cuatro Estaciones para reflexionar sobre Cambio Climático *



Gonzalo Duque Escobar **

Como profano en estos asuntos de la musa Euterpe y desconocedor de los oficios propios de la música, en virtud de mi firme creencia filosófica de la primacía del arte de los sonidos en el Universo, entraré a imaginar algunas relaciones entre música y naturaleza inspirado en la obra de Vivaldi, para hablar de los temas del clima en esta jornada. Y espero lograrlo en virtud del carácter de la obra del veneciano, por ser presentada en 1724 para el disfrute y la comprensión de todos, con la maestría de quien lo hiciera buscando agradar antes que exhibir su gran talento.

El estilo de sentir y pensar que entrega con sus violines la inmensa fuerza de su música, tal cual ocurre con su libro de cuatro conciertos para orquesta y violín titulado Las Cuatro Estaciones, guarda proporciones con la vivacidad antagónica del cambio climático, gracias a una propuesta que parece emular El Niño cuando muestra la energía y sensacionalismo de la sequía estival, o La Niña al interpretar el gélido y melancólico invierno. En todo esto, la amplitud espacial de la orquesta en su arquitectura fónica innovada por el compositor veneciano, parece ser un anticipo de casi 300 años, a lo que significa hoy el complejo cambio climático cuyas causas y consecuencias resultan ser de carácter global.

Para empezar, digamos que nuestro clima tropical andino es bimodal, puesto que en lugar de las 4 estaciones térmicas, tan sólo se suceden los veranos e inviernos conforme van llegando, alternadados, solsticios y equinoccios; causando días y noches casi de igual duración por estar cerca al Ecuador terrestre. Así que sostenido en la naturaleza de tales movimientos celestes, traeré para nuestro caso Las cuatro Estaciones y una reflexión paso a paso para sus cuatro momentos, así:

El primero, La Primavera, como una alegre danza de sonidos en la que los cánticos de las aves y silbidos de los grillos, solo son la sutil expresión del último canto de la naturaleza. Dicen los expertos que esta transición entre invierno y verano que se inicia el 21 de marzo, al traer las lluvias para la zona andina, también se expresa con violencia durante épocas de La Niña, con torrenciales aguaceros, vendavales, chubascos y tormentas eléctricas.

Para reflexionar, invito a que pensemos en los bosques como una urgencia para avanzar en la necesaria adaptación al cambio climático, fenómeno que amenaza con problemáticas de agua y pérdida de biodiversidad, mayores tasas de erosión costera, y una profunda afectación del hábitat humano: basta decir que los bosques regulan las lluvias y también las corrientes de agua. Con más bosques, la precipitación se infiltra alimentando las aguas subterráneas, para que los caudales de los ríos no varíen sustancialmente entre invierno y verano, tal cual ocurre ahora como consecuencia de la potrerización de nuestras montañas. Mientras la desertificación y erosión por deforestación inciden en el cambio climático, el bosque atenúa sus efectos.

Seguirá El Verano, donde vientos y percusiones tormentosas, obligan a reflexionar sobre las consecuencias de dramáticas sequías emulando las salvajes interpretaciones de cuantas especies amenazamos. Desde cuando el Sol alcanza su máxima posición boreal el 21 de junio y llega la segunda temporada seca para la zona andina, que nos hacía sentir más alegres con la llegada del verano y sus días largos, hoy debemos activarnos para esperar más huracanes transitando por el Caribe cuando El Niño arrecia, como también más y mayores incendios forestales y sequías prolongadas, amenazando páramos y humedales.

Que sea esta una oportunidad para recordar que Colombia, como un pulmón del planeta, está igualmente amenazada por el fatal desastre, tal cual lo hemos percibido en el Ruiz al ver cómo se están extinguiendo las cumbres nevadas de Colombia, y con un régimen atípico de precipitaciones como las de noviembre de 2008 y febrero de 2011 que han marcado registros históricos en Manizales. En el caso de Colombia, algunos estimativos advierten incrementos de 2° C para la zona andina y de 3°C para nuestras regiones llanas y costeras, cantidad suficiente para que cambien altitudinalmente en 300 m las zonas de vida de la ecorregión cafetera y se exacerbe el régimen de erosión en zonas costeras de la Patria.

Luego El Otoño, con el goce propio de la recolección de la cosecha y a modo de dulce sueño, donde la austeridad se propone como fórmula para combatir los excesos del desmedido e irracional consumo. Sobre esta transición entre verano e invierno del 21 de septiembre, que en la zona andina colombiana se corresponde con el segundo período de lluvias, a causa del desastre climático para las épocas de La Niña, las copiosas lluvias arreciarán de nuevo.

Y como el Otoño es tiempo de cosechas, tomémonos un momento para reconocer a los pescadores de la Charca de Guarinocito mitigando las consecuencias de los sedimentos aportados desde sus quebradas tributarias, lo que reduce la eficiencia de la fotosíntesis y disminuye la cantidad de peces fruto de su sustento. Cuando las cuencas de los Andes sudamericanos se reforesten, con menos sedimentos habrá más peces, y más aves se alimentarán en las costas del Pacífico para producir más guano que traerá mejores cosechas.

Por último El Invierno, el más débil de los conciertos replicando la fatiga de una frágil naturaleza, cuyo armónico equilibrio ha sucumbido como consecuencia de la acción humana. Hacia el 22 de diciembre cuando el Sol alcanza su máxima posición meridional invitando a la calma y la quietud con las noches más largas y bajas temperaturas invernales, en la zona andina colombiana inicia la temporada seca de final de año. Solo que el descontrol hídrico y pluviométrico ahora ha alterado los ritmos naturales.

La cuarta reflexión, va en torno a la tragedia de las familias que hoy sufren las consecuencias de las crecientes de las quebradas, ocurridas durante el ocaso del pasado jueves; dos fenómenos que reclaman resolver el uso conflictivo del suelo en las deforestadas cuencas del oriente de la ciudad. Para estos casos urge declarar Zonas de Interés Ambiental a las microcuencas críticas como asunto de vital interés para la ciudad.

Finalmente, esta música del barroco tardío con su magia espectacular, nos permitirá reflexionar sobre qué es Colombia como país de contrastes, para que nuestra sociedad civil, como fuerza y como concepto, se solidarice con las comunidades de campesinos y pobres urbanos. Las rurales porque serán los mayores damnificados por sequías extremas y torrentes sedimentados, consecuencia del cambio climático, al depender para su supervivencia de los recursos de su entorno rural. Y las urbanas porque si la contaminación y degradación del ambiente natural muestra ahora su potencial inestabilidad, de no tomar las previsiones del caso, también el medio citadino padecerá las agresiones que estamos advirtiendo.

Manizales, 17/04/2011.

Imagen: http://radioblog.gathacol.net/antonio-vivaldi-las-cuatro-estaciones/

* Lectura introductoria para el II Festival de Música Sacra, Centro de Convenciones Teatro los Fundadores/ Orquesta Sinfónica de Caldas y Agrupaciones Corales de Manizales/ Manizales, abril 18, 19 y 29 de 2011.

** Profesor de la Universidad Nacional de Colombia, Director del Observatorio Astronómico de Manizales OAM y Miembro Fundador de la Red de Astronomía de Colombia RAC. http://www.galeon.com/gonzaloduquee/

viernes, 28 de enero de 2011

REFLEXIONES EN LOS 10 AÑOS DE SAMOGA



Por Gonzalo Duque Escobar *

Al cumplirse los primeros 10 años de existencia del Museo Interactivo de la Ciencia y el Juego Samoga, podemos preguntarnos sobre la importancia de la extensión universitaria en el campo de la divulgación científica originada desde esta dependencia creada en 2001 por la Universidad Nacional de Colombia sede Manizales como un proyecto de ciudad, para promover el conocimiento como un catalizador del desarrollo de la capital de Caldas y su área de influencia, de conformidad con la misión de esta institución pública de educación superior y esperando contar con el apoyo de la sociedad local; esto, máxime cuando en los últimos años este centro universitario debe racionalizar recursos para avanzar en su consolidación como universidad del conocimiento con la intensión de ofrecer alternativas de desarrollo en el contexto de una ciudad universitaria de tamaño intermedio, donde el conocimiento y la educación han sido definidas como las estrategias para dar solución a su problemática socio-ambiental y de la ecorregión cafetera.

Cuando Manizales se prestaba a celebrar su primer centenario (1949), dio apertura a la universidad pública, primero con la Facultad de Ingeniería adscrita a la Universidad Nacional de Colombia (1948) y luego con Agronomía y Veterinaria que fueron las primeras facultades de la Universidad de Caldas (1949). Una y otra como parte del denominado proyecto de Universidad Popular concebido entre otros por Juan Hurtado y Gerardo Molina años antes, para garantizar el desarrollo de las fuerzas productivas del Gran Caldas, ente territorial que a partir de 1967 daría origen a tres departamentos: Caldas, Risaralda y Quindío, cuando ya habían entrado al citado escenario regional dos nuevas universidades estatales: la Tecnológica de Pereira (1961) y la del Quindío (1961).

Pero con los nuevos desafíos del Eje Cafetero donde el contexto muestra una nueva sociedad, en parte consecuencias de la globalización de los mercados y la cultura, y del desarrollo de la ciencia y la tecnología, y donde gravitan problemas como la fragmentación social, los cambios en la estructura del empleo y la crisis ambiental, los académicos que ofrecen los cursos de CT&S desde Samoga se preguntan sobre la relación entre los problemas urbanos que en Colombia afectan de forma severa a las capitales cafeteras, pero igualmente sobre la brecha de productividad entre ciudad y campo, para encontrar propuestas de la academia contemplando mecanismos que posibiliten un cambio estructural en las políticas e instrumentos que históricamente aplicaron y deben cambiarse, convencidos de que urge una reconversión del aparato productivo industrial y rural contemplando como formulas para ambos escenarios, además de una mejor y mayor educación, desarrollos sustanciales en ciencia y tecnología.

Y habiéndose creado el Museo Interactivo, encomendándosele en 2001 su desarrollo al Matemático Omar Evelio Ospina quien logró plasmar una base sólida en una oferta interactiva propia de un museo de segunda generación, también hoy se ha planteado un proyecto de museo de tercera generación más acorde con el nuevo carácter de la sede Manizales como institución que ha tomado la decisión de pasar de centro de formación profesional a una Universidad del Conocimiento, sabiendo que semejante decisión sólo puede encontrar viabilidad económica en la medida en que se recoja en sus programas académicos (docencia, investigación y extensión) para concentrar esfuerzos, que cualifique su recurso humano e instrumental de forma coherente orientándolo a la investigación, y que además encuentre eco en el sector público y privado local para objetivos comunes de desarrollo del sector productivo en términos científicos y tecnológicos, para no subsidiar la ineficiencia del sector productivo y ocupar mal los recursos de la inversión pública en actividades no estratégicas.

No obstante, consientes de que prima el desarrollo social sobre el crecimiento económico y de la urgencia de resolver una problemática que se ilustra con señalar la desnutrición del 50% de la población infantil de la ciudad, los objetivos y las metas que se propone Samoga contemplan articularse a los objetos misionales de la Universidad para contribuir desde el Estado a un desarrollo centrado en el conocimiento, lo que exige también grandes esfuerzos institucionales que tengan como objetivo la apropiación social de la ciencia y la tecnología, y la traducción de los saberes populares y de las comunidades ancestrales, en los términos de la ciencia moderna: tal cual lo propone Samoga en su proyecto de los 7 mundos que lo transformarían en ese museo interactivo de tercera generación.

Samoga, una expresión cuyas raíces lingüísticas provienen de la comunidad indígena Umbra asentada en el occidente caldense y que significan “lugar de asombro”, es el elemento que le da cohesión a la imagen corporativa del Museo Interactivo de la Ciencia y el Juego. Dicha dependencia de la cual se han beneficiado 197.817 usuarios en diez años, cumple con una misión coherente con la naturaleza de la Universidad Nacional de Colombia, para que la sede Manizales construya Nación aplicando sus esfuerzos en beneficio de los sectores más vulnerables de la ciudad y ocupándose de áreas temáticas estratégicas con la divulgación científica.

*Director Museo Interactivo Samoga.

Ref: Revista Eje 21. Manizales, enero 26 de 2011